domingo, 25 de mayo de 2008

Tripas (Palahniuk)

Tomen aire.

Tomen tanto aire como puedan. Esta historia debería durar el tiempo que logren retener el aliento, y después un poco más. Así que escuchen tan rápido como les sea posible.

Cuando tenía trece años, un amigo mío escuchó hablar del “pegging”. Esto es cuando a un tipo le meten un pito por el culo. Si se estimula la próstata lo suficientemente fuerte, el rumor dice que se logran explosivos orgasmos sin manos. A esa edad, este amigo es un pequeño maníaco sexual. Siempre está buscando una manera mejor de estar al palo. Se va a comprar una zanahoria y un poco de jalea para llevar a cabo una pequeña investigación personal. Después se imagina cómo se va a ver la situación en la caja del supermercado, la zanahoria solitaria y la jalea moviéndose sobre la cinta de goma. Todos los empleados en fila, observando. Todos viendo la gran noche que ha planeado.

Entonces mi amigo compra leche y huevos y azúcar y una zanahoria, todos los ingredientes para una tarta de zanahorias. Y vaselina.

Como si se fuera a casa a meterse una tarta de zanahorias por el culo.

En casa, talla la zanahoria hasta convertirla en una contundente herramienta. La unta con grasa y se la mete en el culo. Entonces, nada. Ningún orgasmo. Nada pasa, salvo que duele.

Entonces la madre del chico grita que es hora de la cena. Le dice que baje inmediatamente.

El se saca la zanahoria y entierra esa cosa resbaladiza y mugrienta entre la ropa sucia debajo de su cama.

Después de la cena va a buscar la zanahoria, pero ya no está allí. Mientras cenaba, su madre juntó toda la ropa sucia para lavarla. De ninguna manera podía encontrar la zanahoria, cuidadosamente tallada con un cuchillo de su cocina, todavía brillante de lubricante y apestosa.

Mi amigo espera meses bajo una nube oscura, esperando que sus padres lo confronten. Y nunca lo hacen. Nunca. Incluso ahora, que ha crecido, esa zanahoria invisible cuelga sobre cada cena de Navidad, cada fiesta de cumpleaños. Cada búsqueda de huevos de Pascua con sus hijos, los nietos de sus padres, esa zanahoria fantasma se cierne sobre ellos. Ese algo demasiado espantoso para ser nombrado.

Los franceses tienen una frase: “ingenio de escalera”. En francés, esprit de l’escalier. Se refiere a ese momento en que uno encuentra la respuesta, pero es demasiado tarde. Digamos que usted está en una fiesta y alguien lo insulta. Bajo presión, con todos mirando, usted dice algo tonto. Pero cuando se va de la fiesta, cuando baja la escalera, entonces, la magia. A usted se le ocurre la frase perfecta que debería haber dicho. La perfecta réplica humillante. Ese es el espíritu de la escalera.

El problema es que los franceses no tienen una definición para las cosas estúpidas que uno realmente dice cuando está bajo presión. Esas cosas estúpidas y desesperadas que uno en verdad piensa o hace.

Algunas bajezas no tienen nombre. De algunas bajezas ni siquiera se puede hablar.

Mirando atrás, muchos psiquiatras expertos en jóvenes y psicopedagogos ahora dicen que el último pico en la ola de suicidios adolescentes era de chicos que trataban de asfixiarse mientras se masturbaban. Sus padres los encontraban, una toalla alrededor del cuello, atada al ropero de la habitación, el chico muerto. Esperma por todas partes. Por supuesto, los padres limpiaban todo. Le ponían pantalones al chico. Hacían que se viera... mejor. Intencional, al menos. Un típico triste suicidio adolescente.

Otro amigo mío, un chico de la escuela con su hermano mayor en la Marina, contaba que los tipos en Medio Oriente se masturban distinto a como lo hacemos nosotros. Su hermano estaba estacionado en un país de camellos donde los mercados públicos venden lo que podrían ser elegantes cortapapeles. Cada herramienta es una delgada vara de plata lustrada o latón, quizá tan larga como una mano, con una gran punta, a veces una gran bola de metal o el tipo de mango refinado que se puede encontrar en una espada. Este hermano en la Marina decía que los árabes se ponen al palo y después se insertan esta vara de metal dentro de todo el largo de su erección. Y se masturban con la vara adentro, y eso hace que masturbarse sea mucho mejor. Más intenso.

Es el tipo de hermano mayor que viaja por el mundo y manda a casa dichos franceses, dichos rusos, útiles sugerencias para masturbarse. Después de esto, un día el hermano menor falta a la escuela. Esa noche llama para pedirme que le lleve los deberes de las próximas semanas. Porque está en el hospital.

Tiene que compartir la habitación con viejos que se atienden por sus tripas. Dice que todos tienen que compartir la misma televisión. Su única privacidad es una cortina. Sus padres no lo visitan. Por teléfono, dice que sus padres ahora mismo podrían matar al hermano mayor que está en la Marina.

También dice que el día anterior estaba un poco drogado. En casa, en su habitación, estaba tirado en la cama, con una vela encendida y hojeando revistas porno, preparado para masturbarse. Todo esto después de escuchar la historia del hermano en la Marina. Esa referencia útil acerca de cómo se masturban los árabes. El chico mira alrededor para encontrar algo que podría ayudarlo. Un bolígrafo es demasiado grande. Un lápiz, demasiado grande y duro. Pero cuando la punta de la vela gotea, se logra una delgada y suave arista de cera. La frota y la moldea entre las palmas de sus manos. Larga y suave y delgada.

Drogado y caliente, se la introduce dentro, más y más profundo en la uretra. Con un gran resto de cera todavía asomándose, se pone a trabajar.

Aun ahora, dice que los árabes son muy astutos. Que reinventaron por completo la masturbación. Acostado en la cama, la cosa se pone tan buena que el chico no puede controlar el camino de la cera. Está a punto de lograrlo cuando la cera ya no se asoma fuera de su erección.

La delgada vara de cera se ha quedado dentro. Por completo. Tan adentro que no puede sentir su presencia en la uretra.

Desde abajo, su madre grita que es hora de la cena. Dice que tiene que bajar de inmediato. El chico de la cera y el chico de la zanahoria son personas diferentes, pero tienen vidas muy parecidas.

Después de la cena, al chico le empiezan a doler las tripas. Es cera, así que se imagina que se derretirá adentro y la meará. Ahora le duele la espalda. Los riñones. No puede pararse derecho.

El chico está hablando por teléfono desde su cama de hospital, y de fondo se pueden escuchar campanadas y gente gritando. Programas de juegos en televisión.

Las radiografías muestran la verdad, algo largo y delgado, doblado dentro de su vejiga. Esta larga y delgada V dentro suyo está almacenando todos los minerales de su orina. Se está poniendo más grande y dura, cubierta con cristales de calcio, golpea y desgarra las suaves paredes de su vejiga, obturando la salida de su orina. Sus riñones están trabados. Lo poco que gotea de su pene está rojo de sangre.

El chico y sus padres, toda la familia mirando las radiografías con el médico y las enfermeras parados allí, la gran V de cera brillando para que todos la vean: tiene que decir la verdad. La forma en que se masturban los árabes. Lo que le escribió su hermano en la Marina. En el teléfono, ahora, se pone a llorar.

Pagaron la operación de vejiga con el dinero ahorrado para la universidad. Un error estúpido, y ahora jamás será abogado. Meterse cosas adentro. Meterse dentro de cosas. Una vela en la pija o la cabeza en una horca, sabíamos que serían problemas grandes.

A lo que me metió en problemas a mí lo llamo “Bucear por perlas”. Esto significaba masturbarse bajo el agua, sentado en el fondo de la profunda piscina de mis padres. Respiraba hondo, con una patada me iba al fondo y me deshacía de mis shorts. Me quedaba sentado en el fondo dos, tres, cuatro minutos.

Sólo por masturbarme tenía una gran capacidad pulmonar. Si hubiera tenido una casa para mí solo, lo habría hecho durante tardes enteras.

Cuando finalmente terminaba de bombear, el esperma colgaba sobre mí en grandes gordos globos lechosos.

Después había más buceo, para recolectarla y limpiar cada resto con una toalla. Por eso se llamaba “bucear por perlas”. Aun con el cloro, me preocupaba mi hermana. O, por Dios, mi madre.

Ese solía ser mi mayor miedo en el mundo: que mi hermana adolescente virgen pensara que estaba engordando y diera a luz a un bebé de dos cabezas retardado. Las dos cabezas me mirarían a mí. A mí, el padre y el tío. Pero al final, lo que te preocupa nunca es lo que te atrapa.

La mejor parte de bucear por perlas era el tubo para el filtro de la pileta y la bomba de circulación. La mejor parte era desnudarse y sentarse allí.

Como dicen los franceses, ¿a quién no le gusta que le chupen el culo? De todos modos, en un minuto se pasa de ser un chico masturbándose a un chico que nunca será abogado.

En un minuto estoy acomodado en el fondo de la piscina, y el cielo ondula, celeste, através de un metro y medio de agua sobre mi cabeza. El mundo está silencioso salvo por el latido del corazón en mis oídos. Los shorts amarillos están alrededor de mi cuello por seguridad, por si aparece un amigo, un vecino o cualquiera preguntando por qué falté al entrenamiento de fútbol. Siento la continua chupada del tubo de la pileta, y estoy meneando mi culo blanco y flaco sobre esa sensación. Tengo aire suficiente y la pija en la mano. Mis padres se fueron a trabajar y mi hermana tiene clase de ballet. Se supone que no habrá nadie en casa durante horas.

Mi mano me lleva casi al punto de acabar, y paro. Nado hacia la superficie para tomar aire. Vuelvo a bajar y me siento en el fondo. Hago esto una y otra vez.

Debe ser por esto que las chicas quieren sentarse sobre tu cara. La succión es como una descarga que nunca se detiene. Con la pija dura, mientras me chupan el culo, no necesito aire. El corazón late en los oídos, me quedo abajo hasta que brillantes estrellas de luz se deslizan alrededor de mis ojos. Mis piernas estiradas, la parte de atrás de las rodillas rozando fuerte el fondo de concreto. Los dedos de los pies se vuelven azules, los dedos de los pies y las manos arrugados por estar tanto tiempo en el agua.

Y después dejo que suceda. Los grandes globos blancos se sueltan. Las perlas. Entonces necesito aire. Pero cuando intento dar una patada para elevarme, no puedo. No puedo sacar los pies. Mi culo está atrapado.

Los paramédicos de emergencias dirán que cada año cerca de 150 personas se quedan atascadas de este modo, chupadas por la bomba de circulación. Queda atrapado el pelo largo, o el culo, y se ahoga. Cada año, cantidad de gente se ahoga. La mayoría en Florida.

Sólo que la gente no habla del tema. Ni siquiera los franceses hablan acerca de todo. Con una rodilla arriba y un pie debajo de mi cuerpo, logro medio incorporarme cuando siento el tirón en mi culo. Con el pie pateo el fondo. Me estoy liberando pero al no tocar el concreto tampoco llego al aire. Todavía pateando bajo el agua, revoleando los brazos, estoy a medio camino de la superficie pero no llego más arriba. Los latidos en mi cabeza son fuertes y rápidos.

Con chispas de luz brillante cruzando ante mis ojos me doy vuelta para mirar... pero no tiene sentido. Esta soga gruesa, una especie de serpiente azul blancuzca trenzada con venas, ha salido del desagüe y está agarrada a mi culo. Algunas de las venas gotean rojo, sangre roja que parece negra bajo el agua y se desprende de pequeños rasguños en la pálida piel de la serpiente. La sangre se disemina, desaparece en el agua, y bajo la piel delgada azul blancuzca de la serpiente se pueden ver restos de una comida a medio digerir.

Esa es la única forma en que tiene sentido. Algún horrible monstruo marino, una serpiente del mar, algo que nunca vio la luz del día, se ha estado escondido en el oscuro fondo del desagüe de la pileta, y quiere comerme.

Así que la pateo, pateo su piel resbalosa y gomosa y llena de venas, pero cada vez sale más del desagüe. Ahora quizá sea tan larga como mi pierna, pero aún me retiene el culo. Con otra patada estoy a unos dos centímetros de lograr tomar aire. Todavía sintiendo que la serpiente tira de mi culo, estoy a un centímetro de escapar.

Dentro de la serpiente se pueden ver granos de maíz y maníes. Se puede ver una brillante bola anaranjada. Es la vitamina para caballos que mi padre me hace tomar para que gane peso. Para que consiga una beca gracias al fútbol. Con hierro extra y ácidos grasos omega tres. Ver esa pastilla me salva la vida.

No es una serpiente. Es mi largo intestino, mi colon, arrancado de mi cuerpo. Lo que los doctores llaman prolapso. Mis tripas chupadas por el desagüe.

Los paramédicos dirán que una bomba de agua de piscina larga 360 litros de agua por minuto. Eso son unos 200 kilos de presión. El gran problema es que por dentro estamos interconectados. Nuestro culo es sólo la parte final de nuestra boca. Si me suelto, la bomba sigue trabajando, desenredando mis entrañas hasta llegar a mi boca. Imaginen cagar 200 kilos de mierda y podrán apreciar cómo eso puede destrozarte.

Lo que puedo decir es que las entrañas no sienten mucho dolor. No de la misma manera que duele la piel. Los doctores llaman materia fecal a lo que uno digiere. Más arriba es chyme, bolsones de una mugre delgada y corrediza decorada con maíz, maníes y arvejas.

Eso es la sopa de sangre y maíz, mierda y esperma y maníes que flota a mi alrededor. Aún con mis tripas saliendo del culo, conmigo sosteniendo lo que queda, aún entonces mi prioridad era volver a ponerme el short. Dios no permita que mis padres me vean la pija.

Una de mis manos está apretada en un puño alrededor de mi culo, la otra arranca el short amarillo del cuello. Pero ponérmelos es imposible.

Si quieren saber cómo se sienten los intestinos, compren uno de esos condones de piel de cabra. Saquen y desenrrollen uno. Llénenlo con mantequilla de maní, cúbranlo con lubricante y sosténganlo bajo el agua. Después traten de rasgarlo. Traten de abrirlo en dos. Es demasiado duro y gomoso. Es tan resbaladizo que no se puede sostener. Un condón de piel de cabra, eso es un intestino común.

Ven contra lo que estoy luchando.

Si me dejo ir por un segundo, me destripo.

Si nado hacia la superficie para buscar una bocanada de aire, me destripo.

Si no nado, me ahogo.

Es una decisión entre morir ya mismo o dentro de un minuto. Lo que mis padres encontrarán cuando vuelvan del trabajo es un gran feto desnudo, acurrucado sobre sí mismo. Flotando en el agua sucia de la piscina del patio. Sostenido por atrás por una gruesa cuerda de venas y tripas retorcidas. El opuesto de un adolescente que se ahorca cuando se masturba. Este es el bebé que trajeron del hospital trece años atrás. Este es el chico para el que deseaban una beca deportiva y un título universitario. El que los cuidaría cuando fueran viejos. Aquí está el que encarnaba todas sus esperanzas y sueños. Flotando, desnudo y muerto. Todo alrededor, grandes lechosas perlas de esperma desperdiciada.

Eso, o mis padres me encontrarán envuelto en una toalla ensangrentada, desmayado a medio camino entre la piscina y el teléfono de la cocina, mis desgarradas entrañas todavía colgando de la pierna de mis shorts amarillos. Algo de lo que ni los franceses hablarían.

Ese hermano mayor en la Marina nos enseñó otra buena frase. Rusa. Cuando nosotros decimos: “Necesito eso como necesito un agujero en la cabeza”, los rusos dicen: “Necesito eso como necesito un diente en el culo”. Mne eto nado kak zuby v zadnitse. Esas historias sobre cómo los animales capturados por una trampa se mastican su propia pierna; cualquier coyote puede decir que un par de mordiscos son mucho mejores que morir.

Mierda... aunque seas ruso, algún día podrías querer esos dientes. De otra manera, lo que tenés que hacer es retorcerte, dar vueltas. Enganchar un codo detrás de la rodilla y tirar de esa pierna hasta la cara. Morder tu propio culo. Uno se queda sin aire y mordería cualquier cosa con tal de volver a respirar.

No es algo que te gustaría contarle a una chica en la primera cita. No si querés besarla antes de ir a dormir. Si les cuento qué gusto tenía, nunca nunca volverían a comer calamares.

Es difícil decir qué les disgustó más a mis padres: cómo me metí en el problema o cómo me salvé. Después del hospital, mi madre dijo: “No sabías lo que hacías, amor. Estabas en shock”. Y aprendió a cocinar huevos pasados por agua.

Toda esa gente asqueada o que me tiene lástima... la necesito como necesito dientes en el culo.

Hoy en día, la gente me dice que soy demasiado delgado. En las cenas, la gente se queda silenciosa o se enoja cuando no como la carne asada que prepararon. La carne asada me mata. El jamón cocido. Todo lo que se queda en mis entrañas durante más de un par de horas sale siendo todavía comida. Chauchas o atún en lata, me levanto y me los encuentro allí en el inodoro.

Después de sufrir una disección radical de los intestinos, la carne no se digiere muy bien. La mayoría de la gente tiene un metro y medio de intestino grueso. Yo tengo la suerte de conservar mis quince centímetros. Así que nunca obtuve una beca deportiva, ni un título. Mis dos amigos, el chico de la cera y el de la zanahoria, crecieron, se pusieron grandotes, pero yo nunca llegué a pesar un kilo más de lo que pesaba cuando tenía trece años. Otro gran problema es que mis padres pagaron un montón de dinero por esa piscina. Al final mi padre le dijo al tipo de la piscina que fue el perro. El perro de la familia se cayó al agua y se ahogó. El cuerpo muerto quedó atrapado en el desagüe. Aun cuando el tipo que vino a arreglar la piscina abrío el filtro y sacó un tubo gomoso, un aguachento resto de intestino con una gran píldora naranja de vitaminas aún dentro, mi padre sólo dijo: “Ese maldito perro estaba loco”. Desde la ventana de mi pieza en el primer piso podía escuchar a mi papá decir: “No se podía confiar un segundo en ese perro...”.

Después mi hermana tuvo un atraso en su período menstrual.

Aun cuando cambiaron el agua de la pileta, aun después de que vendieron la casa y nos mudamos a otro estado, aun después del aborto de mi hermana, ni siquiera entonces mis padres volvieron a mencionarlo.

Esa es nuestra zanahoria invisible.

Ustedes, tomen aire ahora.

Yo todavía no lo hice.


(En "Error humano")

miércoles, 21 de mayo de 2008

"La Tortuga de Darwin " Juan Mayorga

"La tortuga de Darwin" Juan Mayorga

A mi hija Raquel

(De noche en el despacho del Profesor, mar de libros y documentos. El Profesor trabaja, acompañado sólo por un hámster en una jaula. Suena el timbre de la casa. Al poco, entra Beti en el despacho.)
Profesor- ¿Qué ocurre, Beti? ¿Te he pedido la cena? No recuerdo habértela pedido.
Beti- Hay ahí una que quiere verte.
Profesor- ¿Estudiante a la caza de carta de recomendación para alguna beca? ¿Licenciada aspirante a que le dirija la tesis doctoral? ¿Periodista que quiere entrevistarme acerca de mi último libro?
Beti- No creo que busque ninguna beca. Es una señora mayor.
Profesor- Le habrás dicho que no puedo recibirla.
Beti- Es que me da pena.
Profesor- ¿Y yo?, ¿no te doy pena yo? Tengo pendientes tres artículos, dos prólogos, la ponencia para el congreso de Tokio y las pruebas del tercer volumen de la “Historia de la Europa contemporánea”.
Beti- ¿No podrías atenderla cinco minutos? ¿Tres minutos? Es tan viejecita…
Profesor- Eres demasiado buena, Beti. Un minuto, por no oírte.
(Beti sale. El Profesor da una pipa al hámster. Al poco, entra Harriet, una mujer vieja. Algo en sus movimientos hace pensar en una tortuga.)
Harriet- Buenas noches.
Profesor- Buenas. Dígame.
Harriet- Sé que es usted un hombre muy ocupado.
Profesor- En efecto, tengo mucho que hacer, señora.
Harriet- Robinson, Harriet Robinson.
Profesor- Bien, Mss. Robinson…
Harriet- Puede llamarme Harriet.
Profesor- De acuerdo, Harriet, quería usted verme. ¿Me ha visto lo suficiente?
Harriet- He leído los dos volúmenes de su “Historia de la Europa contemporánea”.
Profesor- Oh, los ha leído.
Harriet- En la Biblioteca Municipal.
Profesor- No importa, Harriet, lo que cuenta es que los haya leído, aunque no los haya comprado. Tome asiento. En la “Historia de la Europa contemporánea” he volcado treinta años de trabajo. Esto son las pruebas del tercer volumen. Sale en Mayo.
Harriet- Es… enorme.
Profesor- Efectivamente, es un trabajo sin parangón.
Harriet- Es imponente, sí señor. Aunque…
Profesor- ¿Aunque? ¿Aunque qué?
Harriet- El capítulo XXVII, “El caso Dreyfus”.
Profesor- Ya sé cuál es el capítulo XXVII. ¿Qué pasa con él?
Harriet- Con todo respeto, no fue así.
Profesor- ¿No fue así? Toneladas de documentos avalan ese capítulo. ¿Cómo que no fue así?
Harriet- Con todo respeto, no.
Profesor- ¿Y usted qué sabe, señora?
Harriet- Yo estaba allí, en París, cuando la tomaron con el desdichado capitán Dreyfus.
Profesor- ¿Usted estaba allí? (Se troncha.) Perdóneme, señora, sé que usted no tiene culpa alguna, la culpa es de los sucesivos ministros de Educación, ellos han conseguido que la gente sea analfabeta en Historia. La gente confunde Carlomagno con Alejandro Magno. La gente cree que Garibaldi fue un ciclista. La gente no se sabe una fecha. Señora Robinson, el caso Dreyfus estalló en 1894.
Harriet- El 10 de Octubre, ése es el día en que arrestan al capitán, no el 13. Lo que pasa es que hasta el 13 no lo hacen público porque tienen miedo de que…
Profesor- Me va a disculpar, Harriet, como puede ver estoy desbordado. Pero si me apunta aquí su teléfono, mi mujer le dará una cita y proseguiremos esta interesante conversación.
Harriet- Usted escribe que sus últimas palabras ante el tribunal son: “Amo a Francia. Soy inocente”. No. Dreyfus no dice eso, ni ninguna otra cosa. El llanto no le deja hablar. También he encontrado inexactitudes en el capítulo LXXIV.
Profesor- ¿El capítulo LXXIV? ¿”La batalla de Verdún”?
Harriet- Las trincheras no eran como usted las describe.
Profesor- Esto es demasiado. ¿Qué derecho tiene a decir eso?
Harriet- El derecho que me da haber estado allí.
Profesor- Así que estuvo allí. También irá a decirme que asistió al bombardeo de Gernica.
Harriet- Salgo en la foto, bajo el caballo desbocado.
Profesor- Pero, ¿de dónde se ha escapado usted? ¿Quién demonios es usted?
Harriet- Soy la tortuga de Darwin.
Profesor- ¿Qué?
Harriet- Charly me hizo un dibujo, puede verlo en el capítulo siete del libro, “On the Origin of Species”, aunque claro, he cambiado un poco, cuando subí al barco llevaba contadas veintiocho primaveras y eso fue en 1836, o sea que debí de nacer en 1808, el día no puedo precisarlo, pero a mí me gusta el 28 de Marzo, me suena bien, yo celebro mi cumple el 28 de Marzo. Mis primeros veintiocho años fueron comida y sexo sin plantearme más, pero todo cambió cuando aquellos ingleses desembarcaron en la isla, yo nunca había visto un inglés, nunca había visto una persona, qué curiosas me resultaron, las personas, y fue eso, la curiosidad, lo que me perdió, subí a echar un vistazo y cuando quise darme cuenta estábamos en alta mar. Al descubrirme el capitán Fitz-Roy dijo “De este bicho sacamos sopa para toda la tripulación”, pero Charly no lo consintió, me llevó a su camarote y me puso en una palangana, “D´ont worry, Harry”. Harry, sí, ha oído bien, el naturalista más grande de la Historia y no sabía distinguir tortuga macho de tortuga hembra, aunque es verdad que la cosa no se ve tan fácil como en ustedes. El caso es que Charly me llamaba Harry y me lió, yo no sabía qué tenía que gustarme, no me decidí por Harriet hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando un paracaidista escocés…
Profesor- ¡Basta!
(Silencio.)
Profesor- Señora Robinson, en consideración a su edad, estoy intentando ser paciente. Sé que todos pasaremos por ahí: demencia senil, Alzheimer… Es triste, pero yo no puedo ayudarla. Tengo un primo psiquiatra, mi mujer le dará su teléfono. Y ahora, si me permite…
Harriet- Me toma por una vieja loca. No cree que yo sea la tortuga de Darwin.
Profesor- Usted no es una tortuga, señora, ni de Darwin ni de nadie. Cierto que su cara puede recordar a las tortugas, como otras recuerdan a los perros o a los monos. Y es cuellicorta, y esa joroba podría hacer pensar en una concha. Si a usted en su barrio la llaman “La tortuga”, hay que reconocer que es un mote bien puesto.
Harriet- No me cree. Entonces, ¿cómo se explica esto?
(Harriet descubre su espalda al Profesor.)
Harriet- Puede tocar.
(El Profesor va a tocar, pero finalmente no lo hace.)
Profesor- Sí, es muy extraño, una rara enfermedad de la piel supongo, pero eso no la convierte en tortuga. Usted camina sobre dos pies. Usted habla. ¡Usted lee!
Harriet- Es que he evolucionado.
Profesor- ¿?
Harriet- Charly previó esa posibilidad, se refiere a ella en el capítulo trece: “En circunstancias extremas, la materia viva puede evolucionar de forma acelerada”. Charly llamaba a eso “evolución exponencial bajo estimulaciones extraordinarias”. Y de eso, de estimulaciones extraordinarias, yo he tenido un montón. Me subí a aquel barquito y empezaron a pasarme cosas interesantes. He ido de aquí para allá, donde la Historia ha querido llevarme. He visto la inauguración de la torre Eiffel y el incendio del Reichstag; he visto a los alemanes entrando en París y a los americanos desembarcando en Normandía; ¡he visto la Revolución de Octubre y la Perestroika! Nunca pensé sacar provecho de todo eso, pero últimamente me he dado cuenta de que mi memoria es un capital. La gente se mata por el pasado, y de eso yo tengo más que nadie. ¿Por qué no ofrecérselo a un profesional a cambio de una pequeña ayuda? Me fui a la biblio, busqué la sección de Historia y encontré sus dos tomos, tan grandotes, tan plagados de errores. Pensé: “Yo podría ayudar a este hombre”. Le ofrezco que sea mi notario, aquel a quien lo contaré todo. Yo puedo revelarle lo que no encontrará en ningún documento: ¿Qué dijo Lenin en su lecho mortal? ¿De qué murió Juan Pablo Primero? Yo puedo decírselo. A cambio de casi nada. Pero si usted piensa que soy una vieja locatis, me buscaré otro historiador. Tengo una lista.
Profesor- “A cambio de casi nada”. ¿A cambio de qué?
Harriet- Quiero volver a casa.
Profesor- ¿?
Harriet- Quiero volver a las Galápagos y morir allí. Pero necesito ayuda: no tengo papeles, y sin papeles no me dejan viajar. ¡No tengo edad para ir a nado! El 28 de Marzo cumplo doscientos años.
(Silencio. El Profesor toca la espalda de Harriet.)
Harriet- Una advertencia, profesor: mi verdadera identidad debe permanecer oculta. Si la desvela, me pondrá en peligro. Hay gente que querría liquidarme.
Profesor- ¿Quién? ¿Por qué?
Harriet- Hay muchos interesados en que se olvide. Gente que querría cerrarme la boca para que nadie conozca lo que sólo yo recuerdo. Temo por mi vida. Nadie además de usted debe saber quién soy. Absolutamente nadie. Ni siquiera su encantadora esposa, profesor.
(Oscuro. Luz. En la misma noche. Harriet habla y el Profesor toma notas.)
Harriet- … pero no he salido de mi isla para pasarme la vida en un jardincillo, así que, aprovechando que el lechero deja la puerta entornada, pin-pan-pin y ya estoy al otro lado de la valla. Nada más salir veo aquel cartelón: “London 21 miles”. Yo había oído hablar de ese sitio: “Han abierto otro teatro en Londres”, “Jack el Destripador se ha cargado a otra tía en Londres”…
Profesor- “London 21 miles”. ¿Quién la enseñó a leer?
Harriet- ¿Quién me enseñó a leer?... ¡El “Times”! Charly lo sacaba al jardín para hacer el crucigrama. No digo que no me costase, me llevó tiempo, pero tiempo yo tenía de sobra. El caso es que tiro hacia Londres y no llevo reptadas dos yardas cuando chukuchukuchuk, por encima me pasó: ¡El ferrocarril! Al verlo, se despierta en mí una enorme admiración hacia la Humanidad. ¡Qué ignorantes están mis parientes de la isla de lo que el hombre es capaz! ¡La familia humana muy pronto dará alimento y seguridad a todos sus miembros! ¡Los humanos son realmente la última etapa de la evolución! ¡Y yo estoy aquí, asistiendo en primera fila al espectáculo del progreso! ¡Tractores, barcos de vapor, postes telegráficos! ¡Yo misma me siento irresistible, absolutamente moderna! Tan animada marcho que, sólo quince meses después de salir del jardín de Darwin, avisto las afueras de la metrópoli. ¡Qué decepción! ¡Qué desagradable sorpresa, los arrabales en que malviven seres embrutecidos de tanto trabajar y tan poco comer! ¡Qué miedo me dio, el proletariado! Por doquier, pruebas de la infinita capacidad de progreso del género humano, pero también espaldas dobladas y rostros iracundos. La luz eléctrica y el motor de cuatro tiempos, pero también niños esclavos. Angustiada por tan terrible contradicción, ruedo de taberna en taberna lamiendo por los suelos unas gotas con que atontarme, hasta que una noche, en un garito del Soho, veo a un alegre barbudo que agita ante el tabernero unos folios manuscritos. “!Anda, alemán, a casa a dormirla!”. El barbudo se va dando tumbos, olvidando sus papeles. Leo: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”. Me lo cepillo de un tirón. De golpe, lo entiendo todo: la lucha de clases es el motor de la Historia, el burgués enajena la plusvalía y el capitalismo se autodestruirá al concentrarse la riqueza en manos de unos pocos a los que liquidará el ejército de los desheredados, los cuales se adueñarán de las fábricas, que de escenarios de explotación se transformarán en embriones de la sociedad emancipada; ¿qué tenemos que perder, sino nuestras cadenas? (Canta puño en alto:) ¡Arriba, parias de la Tierra! / ¡En pie famélica legión!...
Profesor- Espere, abuela, no sé si lo he entendido. ¿Era Carlos Marx aquel barbudo ebrio? Marx estuvo exiliado en Londres desde 1849. Pero el “Manifiesto” se había publicado un año antes. Si ese hombre era Marx, lo que usted leyó… ¿Una segunda versión del “Manifiesto Comunista”?
(Toma notas entusiasmado.)
Harriet- A mí el barbudo me ha abierto los ojos, ardo en deseos de unirme al ejército de los parias. “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”. Pues allí que me voy. Cruzo el Canal y lo primero que hago al pisar suelo francés…
Profesor- ¿Cruzó el Canal de la Mancha? ¿Cómo?
Harriet- ¿Cómo va a ser? Nadando. Lo más duro fue el tema alimenticio: tengo alergia al pescado. (Mira con codicia al hámster.) ¿A qué hora se cena aquí?
Profesor- Que no sea pescado. ¿Lechuga? ¿Hierba? ¿Raíces?
Harriet- ¿Podría ser salchichas de Frankfurt?
(Antes de llamar a Beti, el Profesor advierte a Harriet que se cubra bien la espalda.)
Profesor- ¡Beti! ¡Comida!
Voz de Beti- ¿La cena de ayer o el desayuno de mañana?
Profesor- Lo que sea, Beti. ¡Y salchichas de Frankfurt!
(Beti irrumpe con salchichas de Frankfurt, la cena de ayer y el desayuno de mañana. El Profesor, Beti y Harriet se sientan a la mesa. Beti se santigua.)
Profesor- Yo como en el despacho, y no duermo en el despacho porque la cama no cabe. Si por mí fuera, toda mi vida la haría en el despacho.
Beti- (Sirviendo.) Espero que sean de su gusto, Harriet.
Harriet- Tienen una pinta estupenda, Beti.
(Harriet devora sus salchichas. Atrapa una mosca al vuelo y la engulle, ante las miradas de asco de Beti y el Profesor. Cae dormida. Silencio.)
Beti- ¿Y en qué universidad enseña la señora Harriet?
Profesor- La señora Harriet no es docente. La señora Harriet es un testigo.
Beti- ¿Testigo de qué?
Profesor- La señor Harriet ha visto mucho. Pero lo más importante es la perspectiva. Ella ha visto la Historia desde abajo. A ras de tierra.
Beti- Así que te está contando cosas que ha visto. Desde abajo.
Profesor- Es un testigo excepcional y quiere un notario excepcional. Está poniendo bajo mi custodia sus valiosos recuerdos.
Beti- ¿Y os queda mucho?
Profesor- Lo que quede, Beti, lo que quede.
Beti- Qué piel más rara. Si no tiene pelos.
(El Profesor zarandea a Harriet.)
Profesor- ¿Podemos continuar, Harriet?
Beti- Qué sueño más profundo.
Profesor- (Zarandeándola más fuerte.) ¿Seguimos?
Harriet- (Despertando.) Cuando guste, profesor.
Profesor- Beti, si nos disculpas.
(Beti recoge la mesa demorándose todo lo que puede, con las orejas muy abiertas, hasta que el Profesor le señala la salida.)
Profesor- Estamos en suelo francés, el año… ¿En qué año estamos?
Harriet- 1882. Lo recuerdo bien porque… (Se emociona.) Por un periódico tirado en el suelo me entero de que… Allí está él, su foto: ¡Charly! He visto partir a mucha gente, pero lo de Charly me dolió como si se hubiese muerto mi padre…
Profesor- La acompaño en el sentimiento, Harriet, pero la vida tiene que continuar. Hemos cruzado el Canal buscando el fantasma del comunismo. ¿Lo encontramos?
Harriet- Lo que encuentro es a media Francia queriéndose merendar al capitán Dreyfus, que por ser judío…
Profesor- ¿Necesitas algo, Beti?
Beti- Es que me he olvidado de dar su anchoa a Herodoto.
(El Profesor coge la anchoa, expulsa a Beti y pide a Harriet que siga hablando, mientras él alimenta al hámster.)
Harriet- A Dreyfus le culpan de todas las derrotas de Francia desde Julio César, y yo empiezo a sospechar que ser judío en Europa…
(Oscuro. Luz. En la misma noche. El Profesor ha empezado a trazar sobre un mapa las etapas del viaje de Harriet.)
Harriet- … y la sirena resopla tres veces y los veo alejarse sonrientes, ignorantes de su trágico destino…
Profesor- Un momento, Harriet, alto. (Busca un libro, lo consulta.) En efecto, tras zarpar de Southampton, el Titanic hizo escala en Cherbourg, Normandía. Sin embargo… Algo no encaja. (Consulta otro libro.)… ¿Qué haces ahí, Beti?
Beti- ¿Te importa si vengo aquí a pelar las judías? Escuchándoos me entretengo. Es que a estas horas la radio es un rollo.
(El profesor coge a Beti del brazo, se la lleva con sus judías y vuelve.)
Profesor- El Titanic llegó a Cherbourg el 10 de Abril de 1912.
Harriet- ¿Y?
Profesor- Hace un rato usted dijo haber presenciado la salida del primer vuelo París-Londres sin escalas. Eso fue el 7 de Marzo del mismo año. ¿Cómo pudo estar en Normandía el 10 de Abril si el 7 de Marzo se encontraba en París? Entre París y Cherbourg hay más de trescientos kilómetros. Una barbaridad, a paso de tortuga.
Harriet- Creo que me subí a un tren… Eso es, cogí un tren al enterarme de que el Titanic iba a hacer escala en el norte.
Profesor- Me sorprende que no lo mencionase. Harriet, míreme a los ojos. Míreme a los ojos, Harriet.
Harriet- No, no estuve en lo del Titanic, pero se lo oí contar a uno que sí estuvo.
Profesor- Me ha mentido.
Harriet- Pero poco.
Profesor- ¿Cuántas veces?
Harriet- Tampoco subí a lo alto de la torre Eiffel, la inauguración la vi desde abajo. Como se entusiasmaba usted tanto, me fui animando…
Profesor- De todo lo que me ha contado, ¿qué es verdad y qué es mentira? La segunda versión del Manifiesto Comunista…
Harriet- Lo del Manifiesto es exacto. Mentira mentira, sólo lo del Titanic. Los viejos fantaseamos un poco, pero eso no quiere decir que mintamos.
Profesor- La Historia es una ciencia, Harriet. ¡Objetividad! Me siento decepcionado, Harriet, muy decepcionado. Me da igual lo antigua que sea usted si no puedo confiar en lo que cuenta. Recoja sus cosas y búsquese otro historiador. Le será fácil encontrarlo, la mayoría ya no sabe distinguir entre Historia y Literatura.
Harriet- Profesor…
Profesor- No me lo haga más difícil.
Harriet- Le prometo que no volveré a mentir, ni a exagerar. ¡Objetividad! Sólo lo que vi con mis propios ojos, lo juro. La verdad y nada más que la verdad.
(Pero el Profesor no cede. Harriet va a irse.)
Harriet- Lo del Titanic me lo inventé porque me daba vergüenza hablarle de mi vicio. Yo tenía un vicio. En la Rive Gauche descubrí un fumadero de opio y allí me pasé 1912, entre vapores, perdiendo el tiempo. Bueno, perder el tiempo, según se mire, por allí pasaba todo París: artistas, criminales, políticos… Te enterabas de cosas. Allí oí por primera vez la palabra “bolchevique”. “En Rusia, los bolcheviques han prometido que nacionalizarán la tierra”. “Bol-che-vi-que”: me atravesó como una descarga eléctrica. ¿Qué haces aquí, Harry? ¿Has olvidado lo que te trajo a Europa? ¡El fantasma está en el Este! Y hacia allí dirigí mis patitas.
(Se va. La voz del Profesor la detiene)
Profesor- Espere, Harriet. Le daré otra oportunidad. Pero si vuelvo a pillarla en una mentira, todo habrá terminado entre nosotros. (Arranca una hoja de su cuaderno y borra del mapa el trayecto París-Cherbourg.) No hemos ido a Cherbourg, estamos en París, entre vapores y chismorreos, hasta que esa palabra, “bolchevique”, nos sacude la modorra y dirigimos nuestras patitas hacia el Este.
Harriet- Claro que, a mi ritmo, no piso Alemania hasta 1914. Y estoy haciendo una pausa en Colonia, a la sombra de la catedral, cuando todas las campanas se ponen a repicar y la gente se echa a la calle alegre como en una fiesta. Pero no es una fiesta, es una guerra. Yo no había visto ninguna, ni imaginaba que pudiera existir algo así. Yo había admirado sus máquinas, ¿quién iba a pensar que las usarían para matarse? ¡Progreso! Con sus máscaras antigás, arrastrándose bajo nubes de insecticida, muriendo como chinches, los europeos evolucionaban hacia el insecto. ¡Progreso! Tanta evolución para acabar enloquecidos alrededor de sus horribles himnos y sus ridículas banderas. Qué cosa más idiota, matar por la patria. Aquella guerra la pasé en una trinchera, contando los muertos: uno, dos, trescientos, cuarenta y cinco mil doscientos veinticinco… De cada uno de ellos me acuerdo. Nunca olvidaré la cara del recluta Jacques Didier cuando, mientras leía la carta en que su novia le anunciaba…
Profesor- Al grano, Harriet, no se me pierda en detalles insignificantes.
Harriet- ¿Detalles insignificantes?
Profesor- La cara del recluta cuando leyó la carta de su novia. ¿Qué importancia tiene eso para la Historia?
Harriet- La Historia es también eso. ¡La Historia es sobre todo eso! Las manos temblorosas del capitán Müller cuando perdonó la vida a un desertor, el brillo en los ojos del partisano Mazzola cuando colgó a Mussolini cabeza abajo de un gancho de carnicero…
Profesor- Las manos temblorosas, el brillo en los ojos… Todo eso es literatura, Harriet, y nada más que literatura. ¡Objetividad!
(Silencio.)
Harriet- Objetividad. Mi trinchera es sucesivamente alemana, francesa, alemana, francesa y alemana y está a punto de ser otra vez francesa cuando me trasladan al frente del Este. Bueno, cuando trasladan a Otto, el soldadito en cuya mochila me he metido buscando una miga que llevarme al pico.
Profesor- ¿Usted en una mochila? Será una mochila muy grande.
Harriet- En 1917 yo no peso ni medio kilo.
Profesor- Pero en el dibujo que le hizo mister Darwin… (Saca “El origen de las especies”.) Aquí pone 85 pounds, 3,72 feets.
Harriet- Se refiere a la iguana de debajo. Yo no empiezo a coger peso hasta cumplidos los ciento veinte. Aunque para mí que fueron los gases que me tragué en aquella guerra, humos de todos los colores, los que me hicieron evolucionar tan raramente en la década de los treinta: estas patas, esta voz…
Profesor- No se precipite, Harriet. Todavía estamos en 1917, viajando en una mochila hacia el frente del Este.
Harriet- Yo voy contando los muertos que encontramos por el camino: uno, dos, mil quinientos doce, tres millones doscientos veinticinco…
Profesor- ¡Basta, Harriet! Tanto muerto me deprime.
Harriet- ¿Y qué quiere que yo le haga, si la Historia es un matadero?
Profesor- No me sea pesimista. Piense que, a pesar de todo, la Humanidad marcha hacia algo mejor. ¡La Humanidad progresa!
Harriet- ¿Usted cree?
Profesor- Claro que sí, la Historia es la Gran Maestra. Todos esos desastres son lecciones que nos hacen más sabios.
Harriet- Si usted lo dice… Yo no he visto que la Humanidad aprenda nunca nada.
Profesor- ¿Llegamos o no llegamos al frente del Este?
Harriet- Demasiado tarde. ¡Ya no hay frente del Este! ¡Los rusos han cambiado la guerra por la revolución! ¡El fantasma está en Moscú!
Profesor- ¡Por fin, Moscú!... ¿Qué demonios pasa ahora, Beti?
Beti- (En camisón.) No puedo dormir. Tengo la angustia de los jueves.
Profesor- Pero si hoy es martes.
Beti- Por eso me angustia más.
Profesor- Anda, vuelve a tu cuarto y tómate la pastilla. (La expulsa.) ¡Moscú, Octubre de 1917!
Harriet- Bueno, yo llegué en Diciembre del 22. Es mi sino: siempre llego tarde. Pero no pierdo el tiempo, me voy derecha a la Plaza Roja y me cuelo entre las botazas de los guardias. Casi me desmayo de emoción: allí está, ante un mapamundi, el camarada Vladimir Uilianov Lenin, ¡el fantasma del comunismo! Y a su lado, Stalin, Trotsky y los gemelos Demidóvich.
Profesor- ¡Conoció a los líderes de Octubre!
Harriet- Sobre todo los pies. En aquella época, yo a la gente la conocía por los pies.
Profesor- Lenin, Stalin, Trotsky, los gemelos Demidóvich… ¿Los gemelos Demidóvich?
Harriet- La mano derecha y la mano izquierda de Lenin. Lenin no tomaba una decisión sin consultarles.
Profesor- ¡Los gemelos Demidóvich! ¿Otra de sus trolas, Harriet? Ningún historiador ha mencionado jamás a esos hermanos.
Harriet- Porque Stalin mandó borrarlos de todas las fotografías y tacharlos de todos los documentos.
Profesor- ¡Los gemelos Demidóvich! ¡Qué hallazgo para el Congreso de Tokio! Dígame, Harriet, en aquellos días, ¿cuál era la relación entre Stalin y Trotsky?
Harriet- Stalin no entendía los chistes de Trotsky. Lo que perdió a Trotsky fue el humor judío, que el otro no le pillaba uno. Y encima, como Stalin había estado en un seminario, Trotsky le picaba con chistes de curas. “Llega uno a un confesionario. “Padre, me acuso de ser un pirómano”. Y el cura dice: “Tú lo que eres es un hijodeputa”. A Stalin le enfurecía no entenderlo. O aquel otro que van siete curas y siete monjas en un triciclo…
Profesor- ¿Es cierto que Lenin, antes de fallecer, advirtió al Partido contra Stalin? Acerca de este punto hay discrepancias entre los especialistas.
Harriet- Efectivamente. “Cuidadito con el seminarista”, dijo Lenin a los Demidóvich.
Profesor- “Cuidadito con el seminarista”. ¿Son palabras de Lenin? ¿Está usted segura?
Harriet- Las últimas. Las dijo y expiró. Pero los gemelos no pudieron difundirlas, porque al salir de la alcoba se encontraron con el seminarista, que los invitó a dar un paseo por el Volga y de los gemelos nunca más se supo. A Stalin la siguiente vez que lo veo es dando un discurso en el Soviet Supremo: “La Humanidad tiene enemigos. Ser clemente con ellos es ser inclemente con la Humanidad”. Tan atinado me parece que soy la primera en salir a cazar enemigos de la Humanidad. Pero en seguida se me pasa el entusiasmo. Para defender a la Humanidad, encarcelan al jardinero Ravchenko, que siempre tiene para mí una palabra amable y un puñado de hierba. Y cuando en el verano de 1930 fusilan a la frutera Menchova, que cada mañana me reserva una hoja de lechuga fresca, comprendo que cualquiera puede ser declarado enemigo de la Humanidad y que es cuestión de tiempo que se fijen en las tortugas. Así que me digo: “Harry” –yo todavía me llamo Harry-, “Harry, más te vale cambiar de aires”, y me subo al primer tren hacia el Oeste.
(Bosteza y, súbitamente, se duerme. El Profesor la arropa, procurando que la espalda quede bien cubierta. Oscuro. Luz. De día. Beti está quitando el polvo a los libros del despacho. Harriet duerme aún. El Profesor no está. Beti hace que Harriet despierte.)
Harriet- Buenos días.
Beti- Buenos. ¿Ha dormido bien?
Harriet- Muy bien, gracias. ¿El Profesor?
Beti- En la facultad, en su curso de doctorado sobre su bendito Robespierre. Me alegro de que haya dormido bien, Harriet. ¡Dieciséis horas! Me disgustaría que no se sintiese del todo cómoda. Estoy pensando cómo hacer que se sienta más a gusto todavía.
Harriet- Ahora que lo menciona, encuentro el ambiente un poco seco. ¿No podrían poner un humidificador?
Beti- Me refería a otra cosa. No sé cuánto va a quedarse entre nosotros, Harriet. En lo que a mí respecta, su primer día en esta casa ha sido comer, dormir y ensuciar. He pensado que podría sentirse incómoda con la situación. He pensado que se sentiría menos incómoda si hiciese alguna contribución al bienestar general.
Harriet- Tiene razón, me siento incómoda: comer, dormir y ensuciar. Me ayudaría usted mucho indicándome cómo hacer alguna contribución al bienestar general.
Beti- ¿Qué tal si empieza por rasparme esas manchas, que con la fregona no salen? (Le da con qué raspar.) Y luego me hace los azulejos del baño o se pone con la plancha, lo que prefiera.
(Harriet comienza a raspar manchas del suelo. Mientras hace como que desempolva el cuaderno del Profesor, Beti intenta descifrar lo escrito.)
Beti- … Gemelos Remiróvich… Siete curas y siete monjas… Casi no le entiendo la letra. Con lo redondita que la tenía cuando lo conocí. Me encantaba pasarle cosas a máquina. Yo fui becaria suya. Aquí donde me ve, yo era monísima… Nada, ni jota… Me he pasado la noche pensando en su acento, Harriet. Usted no es de por aquí.
Harriet- Llevo tanto tiempo de viaje que ya no sé de dónde soy.
Beti- También su color es raro. Por aquí han pasado becarias de todos los colores, pero ninguna he visto con esa piel. Así que ha viajado mucho.
Harriet- De aquí para allá.
Beti- Yo nunca he salido. Nunca vamos de vacaciones. El Profesor está siempre tan ocupado… Él sí va por ahí, a sus conferencias y sus congresos, pero prefiere que no lo acompañe, por mí, son tan aburridos esos viajes de trabajo… Él no puede decir que no, él es muy importante, de todas partes lo reclaman. Cada dos por tres que si simposium en París, que si seminario en Río de Janeiro… Por lo visto es pesadísimo, con tanto cambiar de horario y de comida, con lo que le gusta a él saber lo que va a encontrarse en el plato. Así me lo dijo el día que nos pusimos novios: “Yo, Beti, en lo cotidiano no soy hombre moderno. Yo quiero pescado lunes, miércoles y viernes, carne martes, jueves y sábados. Los domingos, arroz con caracoles”. Y no le he fallado en veinte años de matrimonio… Qué bien raspa usted, ¿ve lo mucho que puede contribuir al bienestar general? Hoy en día, a los viejos se les arrincona. La gente ya no valora la experiencia de los abuelos. ¿Tiene usted familia, Harriet? ¿Hijos?
Harriet- Uno tuve. Se me murió.
(Silencio.)
Beti- Ande, deje eso, ya lo hago yo.
Harriet- Si no me cuesta.
Beti- Me da no sé qué verla por el suelo.
Harriet- Si a mí lo que es el suelo no me disgusta.
(Silencio.)
Beti- Tiene que haber un Dios, y un cielo en que usted se reencuentre con su niño.
Harriet- ¿Usted cree?
Beti- ¿Usted no? Yo miro a mi alrededor, tantas cosas, y tan raras, y me digo: “Beti, Dios existe”. Miro un ojo, una cosa tan extraña, y me digo: “Tiene que haber un Dios, Beti”.
Harriet- Lo que hay, Beti, es el azar. El azar y la competencia, así van surgiendo las formas vivas, igual el hámster que el ser humano.
Beti- Va a decirme que nosotras, usted y yo, somos como el pobre Herodoto.
Harriet- En el fondo, sí. La variedad de las especies procede de una forma simple y primordial. Así lo pensaba Charly… Charles Darwin. Vamos, eso he leído. Por lo visto, el tal Darwin no creía en Dios.
Beti- Pues qué triste debió de ser la vida de ese hombre. Tiene que haber un Ser Supremo. Una Inteligencia. Alguien que gobierne todo esto y el más allá. Si no, qué horror, acabarse y no ver nada. Y si no hay Dios, todo está permitido. Si no crees en Dios, no crees en nada.
Harriet- En casi nada, Beti, en casi nada. Basta aguantar el tiempo suficiente para descubrir que esa verdad en la que crees tan firmemente, también ésa caerá. Es cuestión de tiempo. Hay que ir adaptándose, a las creencias como a todo lo demás. Mi lema: “Vivir es adaptarse”. Que me dicen que raspe, pues raspo. A veces pienso si no seré demasiado resignada, pero así es como he ido tirando para adelante. A mi ritmo, sin agobiarme. Soy vieja y lenta, las dos cosas que menos se valoran hoy en día, pero aquí estoy, porque me adapto. Los demás quieren llegar los primeros y se estrellan. Como aquel chulito, Aquiles, el de los pies ligeros. Según cuenta Zenón de Elea…
(Se duerme súbitamente sin que Beti, que sigue limpiando, se percate de ello.)
Beti- Ni siquiera hicimos luna de miel. Yo me compré un bikini pensando que iríamos a la playa, de lunares, que se llevaban aquella temporada, pero llega la víspera y dice: “Eso de la luna de miel antes no se estilaba. Eso de la luna de miel es un invento moderno”. Y ahí se quedó, en el cajón, muerto de risa, un bikini de lunares que ya se habrá pasado de moda varias veces… ¿Le ocurre algo?, ¿se encuentra bien? (Le toma el pulso.) ¡Harriet!
(Oscuro. Luz. Beti da de beber a Herodoto. Harriet no está.)
Beti- Despacio, Herodoto, que te da el flato.
(Llega el Profesor de su curso de doctorado. Observa perplejo.)
Profesor- ¿Dónde está?
Beti- Se empeñó en ayudarme a limpiar. Le dio un vahído. No conseguía moverla. Llamé a una ambulancia.
Profesor- ¿Llamaste a una ambulancia? ¿Cómo has podido hacer eso?
Beti- Estaba como en coma. Creí que se moría.
Profesor- ¿A qué hospital se la llevaron?
Beti- Lo dijeron, sí… Lo mencionaron… No, no voy a acordarme.
Profesor- Un esfuerzo, Beti.
Beti- Ay qué mala cabeza tengo.
Profesor- Haz memoria o no la volvemos a ver.
Beti- ¿Y qué pasa si no la volvemos a ver? Ni que fuera la gallina de los huevos de oro. A mí sólo me ha dado problemas.
Profesor- Por favor, Beti, tienes que recordar, es muy importante.
Beti- ¿Por qué es “muy importante”?
Profesor- Es científicamente importante.
Beti- Ha pasado la noche en tu despacho. A mí no me dejaste entrar hasta el séptimo año de matrimonio. ¿Crees que no me duele, que mi marido se encierre en su despacho con una señora?
Profesor- No es una señora, ¡y tiene casi doscientos años!
Beti- ¿?
(Silencio. El Profesor se arrepiente de haber hablado. Pero decide confiarse a Beti.)
Profesor- Al principio creí que estaba majara. Le seguí la corriente, por si acaso. No estoy seguro al cien por cien, cosas que cuenta me hacen dudar, pero creo que sí, que podría ser quien dice ser. Harriet Robinson puede ser la tortuga de Darwin.
Beti- ¿Qué?
Profesor- Darwin lo tenía previsto. “Evolución exponencial bajo estimulaciones extraordinarias”. ¿A qué hospital, Beti? Tienes que acordarte.
Beti- Pero entonces… Hemos pasado la noche con un monstruo. ¡Un monstruo en nuestra casa! ¡Animales que hablan! ¡Es el fin del mundo! (Se santigua.) ¿Y tú quieres ir a buscarla? ¿Para traerla aquí otra vez? Si ese bicho vuelve, le pego un tiro.
Profesor- No entiendes nada. Harriet es un archivo con patas. Su cabecita encierra doscientos años de Europa. ¡Los historiadores del mundo se rendirán a mis pies! ¡Aunque tenga que recorrer todos los hospitales de este país, yo te encontraré, Harriet Robinson!
(En el hospital, el Doctor observa una radiografía. Suena el teléfono.)
Doctor- (Al teléfono.) ¿Sí?... ¿Pariente?... Hmm… Hazle pasar.
(Cuelga. Continúa observando la radiografía. Entra el Profesor. El Doctor le invita a sentarse.)
Profesor- ¿Cómo está Harriet, doctor?
Doctor- Fuera de peligro. Las pruebas muestran que, en realidad, nunca estuvo en peligro. Fue una especie de desconexión. Una suspensión de su metabolismo.
Profesor- Entonces, ¿puede volver a casa?
(Silencio.)
Doctor- ¿Puedo preguntarle cuál es su relación con la paciente?
Profesor- Somos amigos. Colegas y, sin embargo, amigos. Me está echando una mano en la redacción de un libro.
Doctor- ¿Desde cuándo la conoce?
Profesor- Me la presentaron hace quince años, en el trigésimo cuarto Simposium Mundial de Historia Contemporánea.
Doctor- ¿Conoce a sus padres?
Profesor- No he tenido el gusto.
Doctor- ¿A algún pariente directo?
Profesor- Tampoco.
(Silencio.)
Doctor- En cuanto vieron las radiografías, los médicos de urgencias pensaron que yo personalmente debía hacerme cargo de la señora Robinson. Le he practicado un examen completo. En treinta años de profesión no me he encontrado un caso así. Vamos a tener a su amiga en observación durante algún tiempo.
Profesor- ¿Qué?
Doctor- Observe. (Le muestra la radiografía.) Fíjese en esa formación ósea en su espalda.
Profesor- Ah, eso. Harriet me habló de ello. Es una enfermedad cutánea. Una especie de alergia.
Doctor- Observe, está conectada a la columna vertebral, es una extensión de la columna. Igual que en las tortugas, cuya columna está fusionada a la concha. Es la afinidad más llamativa, pero hay otras. El sistema circulatorio, el respiratorio… También esa desconexión, esa suspensión metabólica parecida a un coma, es típica de las tortugas. Lo hacen para ahorrar energía, por eso viven tanto. También la temperatura, la presión arterial… Harriet tiene rasgos biológicos propios de un quelonio. No se ha documentado caso análogo en ningún lugar del mundo. Estamos ante un gran misterio. Mi hipótesis es que Harriet padece una malformacion genética cuya causa me propongo determinar.
(Silencio.)
Profesor- Doctor, tiene que devolvérmela.
Doctor- ¿Cómo devolvérsela? ¿Es suya?
Profesor- ¿En qué habitación la tienen?
Doctor- La señora Robinson puede abandonar el hospital cuando lo desee, es mayorcita. Pero no creo que se vaya, parece muy contenta en la mejor habitación del hospital, en un barreño lleno de salchichas.
Profesor- Usted no sabe con quién está hablando. Soy catedrático de la Facultad de Historia, miembro de la Academia de Historia y profesor invitado en la Universidad de Pittsburg. Harriet es mi colaboradora en un proyecto de enorme trascendencia. Le ruego que la haga volver a mi casa.
Doctor- Es usted el que no sabe con quién habla. Además de director de este hospital, soy catedrático de Medicina Interna, miembro de la Academia de Ciencias y profesor invitado en la universidad de Michigan. La paciente se quedará aquí el tiempo que yo considere necesario.
Profesor- Usted ignora el valor que tiene Harriet para la Historia. La memoria de Harriet es un tesoro. Harriet es… Harriet es la tortuga de Darwin.
Doctor- ¿?
Profesor- Salió con Darwin de las Galápagos en 1836. Ha sobrevivido a once papas y a treinta y cinco presidentes americanos. ¡Ha visto la Revolución de Octubre y la Perestroika!
(Silencio.)
Doctor- Así pues… Harriet no es una mujer con rasgos quelónidos, sino un quelonio que ha desarrollado rasgos antropomórficos. Una tortuga que ha adquirido la posición eréctil, el lenguaje ¡y el pensamiento! ¿Entregarle un archivo biológico tan importante? ¡Jamás!
Profesor- Un archivo biológico, ¿eso es Harriet para usted? ¡Harriet es un archivo histórico! ¡Y es mío! ¡Mío!
Doctor- ¡El secreto de la voz humana! ¡El misterio de la razón! ¡Un animal con libre albedrío!
Profesor- Yo la encontré, todavía tiene mucho que contarme… ¡Vamos por 1930!
Doctor- Profesor, voy a hacerle expulsar del hospital, usted me obliga a ello.
(Va a hacerle expulsar. El Profesor lo detiene.)
Profesor- Doctor, usted y yo compartimos un secreto. Si yo rompo ese secreto, si desvelo quién es Harriet, se echará sobre ella toda clase de gente sin escrúpulos: zoos, televisiones, universidades americanas… En tal caso, no será de provecho ni para su ciencia ni para la mía. A la Medicina y a la Historia les conviene que usted y yo lleguemos a un acuerdo.
Doctor- ¿Un acuerdo?
Profesor- Los días pares, Harriet es suya; nones para mí.
(Silencio. Con un apretón de manos, el Doctor y el Profesor sellan el pacto.
En el despacho del Profesor, Beti contempla a Harriet con una mezcla de asco, miedo y fascinación.)
Beti- ¿Puedo?
Harriet- Toque, toque. Cuando nacemos, el caparazón es como papel de fumar, pero en seguida se vuelve tan duro que sólo el tiburón tigre nos hinca el diente.
Beti- (Acariciando la espalda de Harriet.) Es… Es increíble. El Profesor me lo ha explicado cien veces, pero a mí no me entra en la cabeza. ¿Por qué es usted así, Harriet?
Harriet- He evolucionado.
Beti- Pero mucho.
Harriet- Las circunstancias.
Beti- Ya, ya, la teoría ésa, eso de que venimos del mono.
Harriet- No exactamente. Las formas vivas se adaptan al entorno para sobrevivir. Y así aparecen las rayas de la cebra, la bolsa del canguro o el bigote de la gamba.
Beti- Pero entonces… ¿No hay alma? ¿No hay Dios? ¿No hay más allá?
Harriet- No, Beti, no. Piense un poco: ¿Se imagina un cielo para las tortugas? Todo está aquí, Beti, todo es materia y nada más que materia. Usted, yo y el infeliz de Herodoto. El universo no tiene propósito. Y, sin embargo, a partir de la materia sin sentido surge todo lo que hay, el cerdo, la margarita y la idea de pentágono. ¿Cuál es el mecanismo de ese proceso? La lucha por la vida, en la que se imponen los más aptos.
(Desconfiada, Beti quita el hámster de delante de Harriet.)
Beti- ¿Puede volver a hacer lo de la cabeza?
(Harriet esconde la cabeza en el caparazón. Beti aplaude, entusiasmada.)
Harriet- Si es muy fácil. Pliego el cuello y hago un movimiento en “u”.
(Beti aplaude más.)
Harriet- No tiene mérito. Nuestras patas y cuello son retráctiles. Mire, me cierro como una caja, ande, intente meterme mano, inténtelo, ja, ja, ja, cosquillas no, Beti, ja, ja, ja…
Profesor- Beti, ¿puedes dejarnos trabajar?
(El Profesor ha entrado en el despacho. Beti va a retirarse.)
Beti- (Al Profesor.) Ya he dicho a Harriet que puede confiar en mí. (A Harriet.) Harriet, su secreto es nuestro secreto.
(Beti se retira. El Profesor abre su cuaderno.)
Profesor- Verano de 1930: Stalin impone el terror en la Unión Soviética. Usted viaja en un tren hacia Occidente.
Harriet- Por la ventanilla miro Europa, bueno, lo que queda de Europa. Doce años han pasado desde la guerra, pero el paisaje sigue siendo un océano de ruinas, más vale cerrar los ojos y soñar otra cosa. Cuando abro los ojos, estoy precisamente en el mejor sitio del mundo para soñar: ¡París! Pero apenas salgo de la Gare d´Austerlitz cuando una mano me mete en un saco. “Se acabó, Harry. Has sobrevivido a una guerra y a una revolución para acabar en una sartén”. Qué va, acabo de convertirme en “objet trouvé” de un artista de vanguardia. 1930: el año en que fui obra de arte. El vanguardista me da brochazos de todos los colores y me pega en la concha un bote de mermelada, un neumático, un sombrero de copa…
Profesor- ¿Un neumático? ¿Cómo de grande es usted?
Harriet- Por entonces ya he ensanchado un poco. El caso es que con esas porquerías encima me exhiben en una fiesta surrealista bajo el título de “Maison vivante”, junto a un caballo pintado de ajedrez y a un señor desnudo cubierto de purpurina. Puede ver foto de esa soirée en la “Histoire de l´Avantgarde”, el flaco que me besa el pico es Salvador Dalí. Son días frenéticos, días de embriaguez y de delirio. Nunca me he sentido tan ágil, tan veloz. De aquella gente aprendí que la realidad pesa menos si sabes escapar con la fantasía. Ellos me enseñaron a viajar con la imaginación. Por cierto, ¿qué hay de lo mío, Profesor?
Profesor- ¿?
Harriet- Mi viaje. Las Galápagos.
Profesor- Estamos en ello. No es fácil, Harriet. Por los medios regulares, no hay modo. Estoy buscando en el mercado negro.
Harriet- ¡Un viaje clandestino! ¿Marítimo o aéreo?
Profesor- Pronto podré decirle algo concreto. Por favor, Harriet, no se me distraiga. Volvamos a ese París de embriaguez y de delirio.
Harriet- Allí aprendo a imaginar. Yo nunca había tenido fantasías. Me echo boca arriba y todo se pone del revés. Imagino que soy la reina de Inglaterra. Imagino que soy de cristal. Imagino que me crecen las patas y me sale crin de caballo y cabalgo colina abajo montada por un piel roja. Imagino que se me cae el caparazón y me vuelvo ligera como una bailarina del Moulin Rouge…
(Boca arriba, baila el can-can.)
Profesor- ¿Qué pasa ahora, Beti?
Beti- Quiero decirte algo.
Profesor- A las doce en punto la señora Robinson tiene que volver al hospital. Entonces tú y yo tendremos tiempo para hablar de lo divino y de lo humano. Hasta entonces, por favor…
(La acompaña a la puerta.)
Beti- Sólo quería decirte que estoy muy contenta de que Harriet haya vuelto.
Profesor- Me alegro de que estés contenta, Beti.
Beti- Cuando te vi volver a casa con ella, me pareció horrible. Pero he reflexionado y ahora lo veo de otra manera.
Profesor- Estupendo.
Beti- Tengo una idea. La estoy madurando.
Profesor- Bien.
Beti- Cuando la tengo madura del todo, te la cuento.
Profesor- Magnífico.
(Consigue sacar a Beti del despacho.)
Profesor- 1930: el año en que Harriet Robinson fue obra de arte.
Harriet- Fue un sueño, pero duró poco. Es lo malo que tiene ser obra, se encapricha de ti un coleccionista y a saber dónde acabas. Yo en Berlín, con la señora Schumann, que me aficiona a las salchichas y me pasea con correa, como un perrito. Un día vemos una muchedumbre bajando por la Friedrichstrasse. Frau Schumann decide seguir al gentío y acabamos en un estadio. Guau, en mi vida había visto tantas personas juntas. En esto, sube a la tribuna un hombrecillo de aspecto payasesco. Pero la gente no se ríe, la gente escucha con solemne atención las palabras del payaso: “Los alemanes somos los mejores. ¿Por qué, si somos los mejores, perdimos la guerra? Por culpa de los judíos y de los comunistas”. Yo me digo: “La gente recuerda cómo fueron las cosas, payaso; van a hacerte callar y, si sigues contando mentiras, te darán una buena paliza”. Pero qué va, nadie protesta, y cuando el payaso dice “Todo es posible. ¡Todo es posible!”, miles, decenas de miles levantan sus manos y gritan como una sola garganta “!Heil, Hitler!”. Entonces me doy cuenta de que el payaso es un tipo peligroso. Pero es demasiado tarde, yo misma siento que la voz del payaso ha tocado mi corazón y levanto mi patita y sumo mi chillido de tortuga a millones de gargantas entusiasmadas, “!Heil, Hitler!, ¡!Heil, Hitler!!”, es una fuerza incontenible, nunca he sentido tanta energía dentro de mí, “!!!Heil, Hitler!!!”, y en mi corazón animal se levanta una promesa: “Todo es posible”. También Frau Schumann sale trastornada. Ya no será nunca la amable señora Schumann que me compró en París. Lo primero que cambió fue su lenguaje. Ahí empieza siempre todo, en las palabras. Lo he visto en todas partes: las palabras preparan muertes; las palabras matan. Las palabras marcan a la gente que hay que eliminar: “burgués”, “comunista”, “judío”, “fascista”, “terrorista”… A la señora Schumann le cambia el lenguaje y una noche sale a la calle a quemar libros. Yo también, también yo echo libros a la hoguera, es excitante, las llamas se elevan bellísimas hasta el cielo. Quemo “El Quijote”, quemo “La metamorfosis”, quemo “El Manifiesto Comunista”, ¡quemo “El origen de las especies”!… De pronto, me da miedo mi alegría y me digo: “Si hoy quemamos libros, mañana quemaremos gente”. Y me alejo del fuego, como escapando de mí misma.
(En el hospital. El Doctor se pone bata blanca y guantes de látex.)
Doctor- Hay gente a la que da miedo una bata blanca, y canallas que disfrutan metiendo miedo con sus batas y sus guantes de látex. Yo no quiero darle miedo, Harriet. Yo quiero que usted sea feliz conmigo y yo ser feliz con usted. Yo tengo una visión, y usted está en el centro de esa visión.
(Con una linterna mira dentro del caparazón de Harriet. Examina el cuerpo de ésta y habla a una grabadora.)
Doctor- “Geochelone elephanthopus”, clase reptiles, orden quelonios, suborden criptodiros, familia estudínidos. Pico córneo afilado, si bien ha desarrollado dientes. Sexo convexo propio de las hembras. Peso ciento cincuenta kilogramos, longitud ciento sesenta centímetros, edad ciento noventa y nueve años.
(Examina las extremidades de Harriet.)
Doctor- (A la grabadora.) ¿Recuerda cuándo y dónde se puso en pie por primera vez?
Harriet- (A la grabadora.) Abril del 37, en un pueblo llamado Gernica. Llegué a España huyendo de la catástrofe que veía venir, sin saber que la catástrofe se estaba ensayando allí, en España. Creía que en la guerra del 14 ya había visto de todo, pero no: me falta presenciar un bombardeo aéreo sobre población civil. Cuando el cielo se cubre de aviones, pienso: “No van a hacerlo. No van a tirar bombas sobre mujeres y niños”. Lo hacen. ¡Huya quien pueda! Yo maldigo mi lentitud, que me condena a morir abrasada, creo morir. Con toda mi alma deseo ponerme en pie y correr. Y eso es lo que, para mi asombro, sucede. Siento un dolor agudo aquí, en la ingle, me escuecen las piernas, pero el miedo me empuja a seguir corriendo. En el camino tropiezo con una vieja muerta, me pongo su ropa y sigo sin mirar atrás. Adelante, Harry, sin mirar atrás.
(En el despacho del Profesor.)
Harriet- Después de lo de España, no sabía dónde meterme. Se decía que Suiza era el sitio menos malo donde estar. Y allí me los encuentro, de incógnito, a los dos caballeros. Verlos abrazados me confunde mucho.
Profesor- Harriet, es usted un personaje muy interesante. No necesita fantasear.
Harriet- No fantaseo, asistí a esa cita. En persona, por así decirlo.
Profesor- El pacto Hitler-Stalin fue negociado por los ministros de Asuntos Exteriores: von Ribentropp y Molotov. Ribentropp lo firmó en Moscú en nombre de Hitler. No hubo un encuentro personal entre Hitler y Stalin.
Harriet- Sí lo hubo. Éramos siete en total: ellos dos, sus ministros, los traductores y yo.
Profesor- Ningún historiador ha hablado nunca de ese encuentro. ¡Seré la estrella en Tokio!
Harriet- El ambiente estuvo tenso hasta que empezaron a hablar de los judíos. “¿Cuántos judíos tiene usted?” pregunta el payaso. “Unos cuantos millones y Trotsky”, responde el seminarista. Se parten de risa. Entonces Molotov saca una tarta con forma de Polonia y se la meriendan.
Profesor- ¿Hablaban así delante de usted?
Harriet- Nadie mide sus palabras ante una tortuga.
Profesor- Pero… ¿seguía siendo tortuga? ¿No dijo que en Guernica se había puesto en pie?
Harriet- Desde Guernica, soy vieja o tortuga según me convenga. Meto la ropa en el caparazón, me echo y soy una tortuga. Me incorporo, me visto y soy una vieja jorobada. Durante la guerra, en todas partes resulta peligroso ser tortuga, porque en todas partes hay gente hambrienta capaz de comerse cualquier cosa. Pero a veces es más peligroso ir de vieja, a causa de este pico, que algunos toman por nariz hebrea. Ser tortuga es más peligroso que ser persona, pero ser judío es más peligroso que ser tortuga. Y en una de éstas, yendo de vieja, unos soldados alemanes me paran y me meten con un montón de gente en un tren de ganado. Y menos mal que se me ocurre tirarme al suelo del vagón, desnudarme y regresar a mi ser de tortuga. Lo que luego veo es extraño como una pesadilla, y aún hoy me pregunto si no fue una pesadilla. El tren frena, las compuertas se abren, ladridos, luces cegadoras…
(Silencio.)
Profesor- Vamos, Harriet, ¿qué sucede?
Harriet- Esto preferiría saltármelo.
Profesor- Hicimos un trato.
Harriet- Es más duro de lo que pensaba. Yo nunca le había contado mi vida a nadie. Yo nunca había sentido nostalgia, ni melancolía. De pronto, lo recuerdo todo: el brillo del Danubio un veintiocho de Marzo, los ojos de un guapo muchacho en Ponte Vecchio… Y también cosas malas, cosas que preferiría olvidar. Todas esas catástrofes, todos esos muertos, yo los llevo dentro. Para vivir hay que olvidar, y cuando se ha vivido mucho hay que olvidar mucho. Mi memoria es dura como una segunda concha, y muy pesada, el pasado me pesa como una joroba. De golpe, siento el peso de tantos muertos. Y al mismo tiempo he descubierto que tenía una deuda con ellos, que olvidarlos sería como darles una segunda muerte. Hay que recordarlos, por mucho que duela.
(Silencio.)
Harriet- El tren frena, las compuertas se abren y a la gente la separan en fuertes y débiles. A los flacos, a los viejos, a los niños, los hacen subir por una rampa, los desnudan, les cortan el pelo y los meten en una especie de hangar. De allí los sacan en carretillas y los queman en un gran horno. Todo, desde el tren hasta la chimenea, todo funciona como una máquina. Yo lo veo subida a un montón de gafas, porque a la gente le quitan las gafas. Entonces comprendo que se ha cumplido la promesa del payaso: “Todo es posible”.
(En el hospital. En un cronograma, el Doctor ha comenzado a dibujar las hipotéticas fases de la evolución de Harriet de tortuga a mujer.)
Doctor- Diga “Nomenklatura”.
Harriet- Nomenklatura.
Doctor- Diga “Perestroika”.
Harriet- Perestroika.
(El Doctor examina la garganta de Harriet.)
Doctor- (A su grabadora.) Cuerdas vocales parecidas a las del mono, aparato fonador semejante al de un niño de cinco años. Harriet, ¿recuerda cuándo empezó a hablar?
Harriet- (A la grabadora.) La primera palabra no la digo hasta los ciento treinta años de edad, pero tres meses después construyo frases gramaticalmente correctas con sujeto, verbo y predicado, al año domino el pretérito de subjuntivo y en 1945 pronuncio mi primera oración en voz pasiva: “Una gran bomba ha sido arrojada sobre una isla”.
Doctor- Aquella primera palabra, ¿recuerda cuál fue?
Harriet- Mi primera palabra es “No”.
Doctor- ¿Recuerda en qué contexto la pronunció?
Harriet- Varsovia, abril del 43, en el ghetto.
Doctor- ¿Puede ser más explícita?
Harriet- Hay unos alemanes buscando judíos. Yo ya he estado en Auschwitz y sé lo que eso significa. Veo acercarse a un crío. Pienso: “!No!”. El pensamiento me sale por la boca: “!No!”. Qué sorpresa, sentir que la palabra pasa de la mente a la boca y de la boca al mundo: “!No!”. El resto brota como un chorro: “!Ven! ¡Métete aquí!”. Escondo al niño en mi caparazón. Los alemanes sólo ven una tortuga.
(Silencio. El Doctor medita.)
Doctor- (A la grabadora.) Hipótesis: el lóbulo parietal del hemisferio izquierdo, sede de las funciones lingüísticas, es más complejo que el de una tortuga no evolucionada. Para confirmarlo, vamos a inyectar en el cerebro de Harriet un marcador de peroxidosa cuyo recorrido seguiremos a través del escáner.
(El Doctor inyecta a Harriet.)
Profesor- ¿Me está escuchando? ¿Me oye? ¡Harriet!
Harriet- ¿Eh?
Profesor- ¿Dónde tiene la cabeza, Harriet? Desde que va con ese hombre, no es usted la misma. He hecho averiguaciones. Su doctor a punto estuvo de ser expulsado del Colegio de Médicos. Tiene prohibido ejercer en dos continentes a causa de un crecepelo que inventó. Ya en el cole le llamaban “El siniestro Petrovic”.
Harriet- Lo del crecepelo lo sabía, me lo contó él mismo. Fue auténtica mala suerte.
Profesor- ¿Se lo pasa bien con ese hombre? ¿Qué hace con él?
Harriet- Él me examina.
Profesor- ¿La examina? ¿La examina qué?
Harriet- De todo. Me corta cosas y las mete en tarritos con etiquetas.
Profesor- ¿Le corta cosas?
Harriet- Trocitos.
Profesor- Y usted ¿qué dice? ¿No le molesta que él haga eso?
Harriet- A mí es que me da pena el doctor, que se esfuerza tanto y que está tan solo, que no tiene una mujer como usted tiene. Siempre acabo diciéndole: “Adelante, doctor, hágame lo que tenga que hacerme”.
(Silencio.)
Profesor- Harriet, usted se ha convertido en alguien muy importante para mí. Usted ha puesto mi vida patas arriba. El doctor está solo, pero yo estoy mal acompañado. Beti no es mi idea de lo que debe ser una compañera. Harriet, ¿qué piensa del amor?
Harriet- Según Charly, el amor es una táctica de la especie para sobrevivir.
Profesor- Por aquí han pasado muchas becarias, pero lo que siento por usted no lo he sentido por nadie. Cuando la miro, siento que tengo ante mí… ¡La Historia! Siento como si pudiera tocar la Historia con los dedos.
(La toca.)
Profesor- Berlín, 1945. Usted se da cuenta de que se ha quedado preñada, pero no sabe si de ruso o de alemán.
Harriet- En eso no se distinguían, a unos y otros igual les daba nieta que abuela. El bebé me nació flaquito y pálido, pero tenía una sonrisa preciosa. Por él me puse apellido, pensé que mi niño necesitaba uno y me puse Robinson para que le diese fuerza.
Profesor- ¿Para que le diese fuerza?
Harriet- “Sugar” Ray Robinson, campeón del mundo del peso medio, 202 combates, 175 victorias, 108 por KO. Pensé que llevar su apellido le haría vigoroso. Créame, hice lo que pude por sacarlo adelante, pero la postguerra fue durísima. (Le puede la emoción.) No supe defenderlo, a mi niño.
Doctor- ¡Dio a luz una cría!
Harriet- Más bien un crío.
Doctor- ¿Cómo era?
Harriet- Muy mono.
Doctor- Pero ¿humano o animal?
Harriet- A esa edad, apenas hay diferencia.
Doctor- Pero ¿tuvo usted un huevo o se le hinchó la tripa?
Harriet- No recuerdo.
Doctor- Tiene que hacer memoria. Es esencial saber si también su sistema reproductor ha evolucionado, y si los cambios adquiridos se confirman en la siguiente generación. Veamos: ustedes las tortugas hacen sus puestas, que pueden ser de hasta diecinueve huevos, en un hoyo de veinte centímetros de diámetro…
Harriet- ¿Cómo dice que lo hacemos?
Doctor- Con las patas traseras cavan un hoyo, ponen los huevos y los cubren de tierra. (Lo actúa, para mostrar cómo hacen las tortugas.) Allí los abandonan para que los incube el sol. La cría sale macho o hembra según la temperatura de incubación, por encima de 29 grados salen mujercitas. Si es que salen, porque muchos huevos son presa de gaviotas, cangrejos y hormigas. Y luego, si consiguen salir, tienen que enfrentarse a perros, mapaches e iguanas. Así es como nacen las tortugas.
Harriet- Pues yo no lo hice así. Eso de abandonar a mi niño en un hoyo, estoy segura de que no lo hice.
(Silencio. El Doctor medita.)
Doctor- (A la grabadora.) En la próxima sesión, cruzaremos a Harriet con un ejemplar macho. Procedamos ahora a examinar su aparato reproductor.
(El Doctor procede.)
Beti- El Profesor me ha contado que usted hizo el acto con un hombre.
Harriet- Ruso. O alemán.
Beti- ¿Y le gustó?
Harriet- No. Pero con los siguientes, le fui encontrando el punto.
Beti- ¿Con los siguientes?
Harriet- Ya con el segundo, un paracaidista escocés que me cayó encima, con ése ya fue otra cosa. Me seguían gustando las tortugas macho, pero descubrí que me gustaban más los hombres. Macho. Y advertí que también a ellos, hay algo en mí, en esa parte de mí, que se conoce que es distinta de la misma parte de la mujer mujer, algo anfibio que atrae a los varones.
Beti- Pero usted está con un hombre y… ¿No se lo dice?
Harriet- ¿El qué?
Beti- Lo suyo.
Harriet- ¿Mi edad? Nunca.
Beti- ¿No cree que ellos tienen derecho a saber que se están acostando con un animal?
Harriet- ¿Y si se cortan?
Beti- Harriet, ¿no tiene usted principios morales?
Harriet- No muchos, Beti, no muchos.
Beti- Yo en cambio estoy cargada de principios y así me va, en una sociedad corrupta en la que todo quisque va a lo suyo. El profesor, sin ir más lejos. Ya verá como vuelve de Tokio con las manos vacías, nunca me trae nada, nunca tiene un detalle. El domingo, cuando entre por esa puerta, lo primero que dirá será: “¿Te acordaste de cambiar el agua a Herodoto?”. Así es el Profesor. Y ese doctor, ése debe de ser otro egoistón de tomo y lomo. Porque la aprecio a usted, me duele ver cómo la tratan esos dos. Qué ajetreo de casa en casa, qué tortura.
Harriet- Muchos abuelos viven así, de casa en casa, y van tirando.
Beti- Y andar de noche por ahí, de aquí al hospital, del hospital aquí, con la de racistas que hay en este barrio, que cualquier día le dan un disgusto. Me parece injustísimo que viva en estas circunstancias, valiendo lo que vale. Porque usted vale mucho, Harriet. ¿Puedo preguntarle algo?
Harriet- Vale.
Beti- ¿Es verdad lo que se cuenta entre Kennedy y Marilyn?
Harriet- Yo no estaba allí, yo en América nunca he estado. Pero cuando Kennedy visitó Berlín, se detuvo ante un escaparate, una joyería, y le dijo al secretario de Estado: “Vamos a tener un detalle con la rubita”.
Beti- Sabe tantas cosas interesantes, Harriet… He estado pensando en usted, en su futuro. Harriet, usted… ¿Podemos tutearnos?
Harriet- Vale.
Beti- Voy a serte franca. Estás perdiendo el tiempo.
Harriet- ¿Sí?
Beti- Con lo bien que podrías vivir... ¿Qué te parecería protagonizar un documental de “Nacional Geographic”?
Harriet- Hombre…
Beti- Ya sé, también a mí me preocupa: tu seguridad. Vas a tener guardaespaldas, Harriet, como las grandes estrellas. Porque tú vas a ser una estrella. Estoy dándole vueltas a un show.
Harriet- ¿Un show?
Beti- Te estoy escribiendo un libreto. Ameno, alegre, que la gente no va al teatro a que le cuenten desgracias. (Prueba a Harriet distintos peinados, buscando uno con el que esté guapa.) ¿Crees que podrías bailar?
Harriet- Es el sueño de mi vida, bailar, pero con este yunque que llevo encima…
Beti- ¿Y cantar? Tienes un timbre tan bonito…
(Harriet canta.)
Beti- Ya lo estoy viendo: “La tortuga de Darwin”.
(Saca un esbozo de cartel con la leyenda “La tortuga de Darwin”. En él se ve a Harriet con un vestido espectacular.)
Beti- Como la gente no se creerá que eres una tortuga, como pensarán que eres una actriz disfrazada, al final del show les dejamos subir a tocarte. Pero pagando. Tú no vas a tener que ocuparte de nada, yo me encargo de todo, yo soy tu representante. Te he preparado un contrato.
(Lo pone ante Harriet y le tiende una pluma. Harriet va a firmar. Se detiene.)
Harriet- ¿Qué quiere decir “exclusividad por cincuenta años, renovables automáticamente por cincuenta más”?
Beti- Tú firma y luego te lo explico.
(Harriet va a firmar. Se detiene.)
Harriet- ¿Y el Profesor?
Beti- ¿El Profesor?
Harriet- Tengo un compromiso con él. Yo le cuento mis recuerdos y él me lleva a las Galápagos.
Beti- Harriet, no serías la primera mujer defraudada por el Profesor. Su proyecto de cátedra lo plagió de una becaria portuguesa. Cuando te haya exprimido bien exprimida, me pedirá que te convierta en croquetas. Has tenido suerte de que yo esté aquí, yo voy a sacarte de esta casa siniestra a la que no vamos a volver jamás. ¿Quieres ir a las Galápagos? Firma y yo te llevo a las Galápagos.
Profesor- ¡Hola, Harriet!... Hola, Beti.
Beti- Te hacía volando a Tokio.
Profesor- Estaba en la cola, con la tarjeta de embarque en la mano, y me he dicho: ¿qué se me ha perdido a mí en Tokio, teniendo a Harriet en casa? (Saca un paquete y se lo da a Harriet, que lo desenvuelve.) Auténticas de Frankfurt. Las encontré en una tienda del aeropuerto. (Mira el reloj.) Aún nos queda un ratito. (Deja la maleta y abre su cuaderno.) Yalta 1945: Truman, Churchill y Stalin se reparten Europa mediante un curioso juego de dados. Harriet, ¿podría describir las reglas de ese jueg…? (Descubre el contrato.) ¿Qué significa esto?
(Beti lleva aparte al Profesor, para que Harriet no oiga.)
Beti- Significa que podemos sacarle rendimiento. Pasta.
Profesor- ¿Podemos? No veo mi nombre por ninguna parte.
Beti- Por no molestarte. Bastantes preocupaciones tienes ya.
Profesor- ¿Qué es esto de “La tortuga de Darwin”?
Beti- Un espectáculo. Teatro.
Profesor- ¿Teatro?
Beti- Teatro científico. Didáctico, para que los padres puedan llevar a los niños. He pensado que tú salgas al principio y hagas una introducción. Y si Harriet se traspone, también ahí sales tú, “Ahora vamos a darles algunas informaciones útiles”, y les recomiendas algún librito tuyo, que a la gente le gusta comprar libros. Y luego amplías lo que esté hablando Harriet, pero en plan pedagógico, con ejemplos. Que Harriet habla de Rusia, pues tú les dices: “Supongamos que hacemos aquí un comunismo”. Y se lo explicas a la gente, pero ligerito, que lo que no se puede es aburrir a la gente, que eso de reunir a la gente en un teatro para que se aburran juntos, eso yo no lo concibo.
Profesor- No lo consentiré. No dejaré que conviertas a Harriet en un fenómeno de barraca de feria.
Beti- ¿Quién ha hablado de ferias ni de barracas? Nuestro nivel es “Nacional Geographic”. Quien quiera fotos o entrevistas, que las pague. Y luego están los derechos de imagen, el merchandising… Aunque el alma del negocio será la tournée. ¡El mundo pagará cualquier precio por ver en vivo a la tortuga parlante!
Profesor- No has entendido nada. Lo importante no es que hable. Lo importante es lo que dice. Lo importante es que ha atravesado doscientos años de la historia de Europa.
Beti- El que no entiende nada eres tú. A la gente lo que le importa es que raje, no que sea de Darwin o de Perengano. La gente no sabe quién es Darwin. Y deja de hablarme como un marido a su mujer. Ya no somos marido y mujer, somos socios. Estoy harto de ti y de tus becarias.
Profesor- ¿Qué tienen que ver mis becarias?
Beti- ¡Todo!, ¡tienen que ver todo! ¡Veinte años de humillaciones! Pero ahora me las voy a cobrar todas juntas. Desde hoy, la mitad de tu tiempo lo dedicamos a ensayar mi show. Y si no estás de acuerdo, llamo a la Sociedad Protectora de Animales y les cuento cómo tratas a la abuela.
(En el hospital. Harriet yace anestesiada. De su cabeza parten cables que acaban en una pantalla en que se registra su actividad cerebral.)
Doctor- (A la grabadora.) Desde niño he querido hacer algo por la Humanidad. Pero con frecuencia me pregunto: ¿Se lo merece, la Humanidad? La Humanidad ha sido desagradecida conmigo. Desde el principio mis esfuerzos fueron mal entendidos. En el instituto, mis compañeros me llamaban “El siniestro Berkowitz”. ¡El siniestro Berkowitz! Nunca lo entendí, ¿por qué Berkowitz?, yo no me llamo Berkowitz. Cierto que cometí algún error en el laboratorio del instituto, pero en ciencia hay que arriesgar. En ciencia hay una delgada línea entre ser considerado un loco y ser considerado un genio. Contra viento y marea, he permanecido fiel a mi proyecto, en medio de muchas incomprensiones. Intentaron expulsarme del Colegio de Médicos, y lo hubieran conseguido si el Colegio de Médicos no estuviese presidido por papá. Pretendieron echarme de la Universidad, pero lo evitó la Rectora, mamá. Y me hubieran quitado la dirección de este hospital si la familia no se hubiera unido como una piña. Me han llamado charlatán, curandero, matasanos. Pero ha llegado la hora de la revancha. Gracias a ti. Harriet, tan animal, tan humana, gracias a ti voy a descifrar los enigmas del ser. Voy a abrir el juguete de la vida y ver cómo funciona. La vida por dentro.
Harriet- (Dormida.) Charly, Charly, ¡Charl…! (Despierta. La decepciona ver al Doctor.) Al escuchar su voz, en sueños, me parecía estar otra vez con él, con Charly.
Doctor- Así que le recuerdo a él. Siempre lo he admirado. Otro mártir de la ciencia. Lo insultaron, lo humillaron, pero él no se dejó doblegar. De cerca, ¿cómo era?
Harriet- Inglés, de cerca era inglés.
Doctor- Yo también, en el fondo. Debería haber nacido allí, en Inglaterra me hubieran comprendido. Qué solo me he sentido en este país, Harriet, qué solo me siento. De modo que le recuerdo a ese hombre excepcional. También yo estoy a gusto con usted. Cada vez que me dice adiós, cada vez que la veo alejarse hacia esa casa… Dígame, Harriet, ¿es feliz con esa gente? ¿No son un poco raros?
Harriet- Conmigo son muy majos.
Doctor- ¿Tiene cuarto propio?
Harriet- Duermo con ellos. En medio.
Doctor- Pero usted no puede estar a gusto con esa pareja. Son de letras. Ellos no pueden ver en ti lo que yo veo. Yo veo que en tu cuerpo se cierra la polémica entre evolucionistas y creacionistas.
Harriet- ¿Se cierra en mi cuerpo? ¿Cómo?
Doctor- Todavía no sé cómo, pero se cierra. Harriet, estoy convencido de que tu cuerpo encierra el sentido del universo.
(La abraza. En la pantalla se dibuja una campana de Gauss.)
Doctor- Harriet, en una escala del 1 al 10, diga cuánto le duele.
(Le aplica dolor. En la pantalla se reflejan las reacciones de Harriet.)
Harriet- Tres… Siete… ¡Once!
Doctor- Harriet, ¿recuerda cuándo tuvo por primera vez conciencia de sí misma?
Harriet- ¿?
Doctor- Autoconciencia, ¿cuándo tuvo?
Harriet- ¿?
Doctor- Harriet, imagine su propia muerte.
(Harriet imagina; la pantalla lo registra.)
Doctor- Imagine una catástrofe humanitaria en un país lejano.
(Harriet imagina; la pantalla lo registra.)
Doctor- Piense en el hijo que perdió.
(La pantalla marca un máximo. Harriet pierde el conocimiento. El Doctor comprueba que no está muerta y sale con uno de sus botecitos. Harriet se recupera. En ausencia del Doctor, aprovecha para curiosear: los botecitos de inquietantes contenidos, los siniestros instrumentos quirúrgicos, la grabadora... La enciende.)
Grabadora- Pico córneo afilado, si bien ha desarrollado dientes. Sexo convexo… (Toca una tecla para que la grabación avance.) Si el alimento favorito de las terrestres son los gusanos y de las marinas los moluscos, Harriet muestra predilección por las salchichas de Frankf… (Tecla.) … en pie por primera vez? “Abril del 37, en un pueblo llamado Gernica…” (Tecla.)… al avistar al macho, los sensores de tensión sexual marcan 2,7 en la escala de Smullyam… (Tecla.)… una serie creciente de descargas eléctricas para determinar su límite de adaptabilidad… (Tecla.)… sección en el córtex prefrontal para introducir un electrodo en el hipocampo, región que controla la memoria… (Tecla.)… detrás de todo gran descubrimiento hay una gran pregunta. Mi gran pregunta: ¿Por qué unos seres viven más que otros? Yo descubriré el secreto de la longevidad y la venderé en tarritos. No puedo ofrecerles la eternidad, pero sí una prórroga, y ellos pagarán lo que les pida, la gente es así, la gente no sabe vivir pero no quiere morirse… (Tecla.)… volcando en el óvulo de la madre receptora el material genético de Harriet, que obtendremos practicándole un corte en la espina dorsal… (Tecla.)… Uf, creí que se me quedaba. Si se muere antes del domingo, todo se va al carajo. Luego, que la palme cuando guste. Sólo en las islas Scheychelles hay 152.000 tortugas…
(Horrorizada, Harriet apaga la grabadora y huye con las pocas fuerzas que le quedan.
En el despacho del Profesor.)
Beti- La una y media y Harriet sin comparecer. ¡Es un ladrón! ¡Nos roba nuestro día!
Profesor- Asegura que Harriet no está con él. Sonaba sincero.
Beti- Por el barrio circulan rumores de que escondemos un monstruo. Alguien se habrá tomado la justicia por su mano y…
(Llega Harriet, exhausta. Silencio.)
Beti- (Al Profesor.) ¿No le dices nada? ¿Dos horas de retraso y tú no le dices nada?
Profesor- Voy a hablarle, Beti, voy a cantarle las cuarenta.
(Beti sale.)
Harriet- (Sin aliento.) Perdón, profesor, no avanzaba, es que no puedo con la concha. Tenía usted razón, ese hombre no me conviene. No voy a volver a ir con él.
Profesor- He temido no volver a verte, Harriet, he tenido miedo. Harriet, Harriet…
(La abraza.)
Profesor- Danzig, Agosto de 1945.
Harriet- ¿Y si lo dejamos por hoy? No puedo con mi alma.
Profesor- Vamos, Harriet, no me seas perezosa, que hoy vamos con retraso. (Lee.) “Y entonces veo la foto de aquella gigantesca seta de humo levantándose hacia el cielo”.
(Silencio.)
Harriet- Es lo que me faltaba por ver, no tengo estómago para seguir presenciando atrocidades, escondo la cabeza y me aletargo. Al despertar, descubro que donde me había echado a dormir ya no es Alemania, sino Polonia, pero los que mandan son los rusos. Mi segunda experiencia comunista la vivo con la familia Tomazewski, cuyo hijo se llama “Tractor” y la hija “Reforma Agraria”. La primera misión del revolucionario continúa siendo perseguir enemigos de la Humanidad, y como delatar a un pariente está muy valorado, cada Tomaszewski denuncia a los demás Tomaszewski, todos los Tomaszewski acaban en la cárcel y a mí me llevan a un animalario. Cuando el Papa visita Polonia, dan una amnistía y nos sueltan, oí que algunos dieron problemas, tendrían hambre, cuando la gente tiene hambre da problemas, si no quieres problemas da de comer a la gente. El caso es que yo, una vez más, me encuentro sola y sin saber qué hacer con mi vida. En la tele veo que los rusos mandan perros al espacio y pienso que podría ser una buena solución para mí: allá en lo alto, muy lejos de la Humanidad. Entonces se me ocurre: la isla. Sí, ése es tu lugar, Harriet, entre las bestias, ánimo, adelante, tu isla está por allá, un esfuerzo más, no te rindas, las tortugas tenemos muy buena orientación, yo hubiera llegado, pero no contaba con aquella pared, un paredón que no se acababa nunca, por primera vez en mi vida pierdo la paciencia y doy un cabezazo contra el muro, que se viene abajo: ¡Catacroc!
(Silencio.)
Profesor- ¿Pasa algo, Harriet?
Harriet- He acabado, Profesor.
Profesor- ¿Cómo?
Harriet- No hay más. No tengo más que contar. ¿Cuándo me voy a las Galápagos?
Profesor- Vamos, Harriet, la Historia no se acabó en 1989.
Harriet- Yo no he visto nada nuevo desde entonces. Bosnia, Ruanda, las Torres, Irak, Líbano… El mismo horror una y otra vez. La evolución culmina en el hombre-bomba.
Profesor- ¿De verdad no has visto nada nuevo desde que cayó el muro? ¿No será que has estado hibernando?
Harriet- Desde el 89 he hecho de todo por volver a la isla. Hasta ir a comisaría a denunciarme. “!No tengo papeles! Cumpla con su deber, agente. Re-pa-tria-ción. Depórtenme a las Galápagos, por favor. ¡Que no quiero quedarme!”. Me echan a la calle, tomándome por loca. Eso ha sido mi vida desde que cayó el muro. Se lo he contado todo, Profesor. He llegado al final, he cumplido. Ahora le toca a usted. Lléveme a mi isla.
Profesor- ¿Para qué quieres ir allí, con lo bien que estás aquí? Con lo que te queremos.
Harriet- ¿Cuánto me queda de vida? ¿Dos días? ¿Dos siglos? Dos días o dos siglos, voy a pasarlos lo más lejos posible de vosotros. De todos los animales, el hombre es el más tonto y dañino. Podríais vivir todos alimentados y seguros, pero muchos viven hambrientos y todos en peligro. Habláis y habláis de derechos humanos, pero contempláis indiferentes el dolor de los otros, el sufrimiento de los otros. Mire donde mire, sólo veo personas que se comportan como bestias y personas que son tratadas como bestias. Charly no lo previó. No previó que los humanos evolucionaríais hacia algo tan monstruoso. A ver si con el cambio climático mutáis y sale algo más decente. Me dio su palabra, Profesor. ¡Tiene que llevarme a la isla!
Profesor- Admítelo, Harriet: eres más persona que animal. En la isla, te sentirías extranjera. No voy a hacer algo que sólo podría perjudicarte.
Harriet- ¿Ha sido todo un engaño? ¿Desde el principio?
(Silencio.)
Profesor- Levanta ese ánimo, mujer. ¿Sabes lo que yo hago cuando me pongo tristón? ¿Tomarme una pastilla, como Beti? Nada de pastillas. Cuando me siento mal, me centro en el trabajo. Polonia 1989. ¿Qué importancia atribuyes al factor religioso en el colapso? ¿Qué papel juega el Papa Wojtila?
(Silencio.)
Harriet- Polonia 1989. Los Tomaszewski no van a misa, pero nunca se acuestan sin rezar. Los Tomagrrszewski… los Tomaszegrrrwski…
Profesor- ¿Te pasa algo?
Harriet- Me duele la garganta. Grrr. Me duele la cabeza. Grrr. Me duele todo, me duele hasta la concha. Grrr. Creo que estoy involucionando.
Profesor- ¿Qué?
Harriet- Grrr. Charly previó esa posibilidad. Grrr. Lo explica en grrr una nota al pie grrr grrr grrr.
Profesor- ¿Ahora con burlas? Harriet, no pruebes mi paciencia.
Harriet- Grrr grrr brrr drrr trrr…
(Le duele la cabeza, se marea, se desploma. Continúa emitiendo ininteligibles sonidos de quelonio. Beti entra alarmada.)
Beti- Pero ¿qué le has hecho?
Profesor- Dice que está involucionando. Explícaselo tú misma, Harriet.
Harriet- Rrrrrrrrrrr…
(Mordisquea el cuaderno del Profesor.)
Beti- ¡Hay que llamar al médico!
(Oscuro. Luz. En el despacho del Profesor. En torno a “El origen de las especies” están reunidos el Profesor, Beti y el Doctor.)
Doctor- Aquí está. (Lee.) “La evolución exponencial bajo estimulaciones extraordinarias puede ser reversible bajo condiciones asimismo extraordinarias”.
(Silencio.)
Profesor- ¿Dónde está ahora?
Beti- En la cocina. No sé cómo puede tener hambre. Se ha comido las cortinas del salón, las acuarelas del vestíbulo y la colcha de mi madre. Y no encuentro mis pastillas, seguro que también se las ha echado al buche. Qué voracidad le ha entrado.
(Mira al Profesor, como indicándole que diga al Doctor algo que previamente ha hablado con ella.)
Profesor- Doctor, es urgente replantear nuestro acuerdo. Si está involucionando, Harriet no tiene ya ningún interés para la ciencia histórica. Para la ciencia médica, en cambio, todavía es un archivo biológico de valor incalculable. Yo estaría dispuesto… mi mujer y yo estaríamos dispuestos a venderle nuestra parte.
Doctor- Si está involucionando, ¿para qué la quiero yo? Si está involucionando, por mí pueden tirarla ustedes mismos a la basura.
Profesor- Estará orgulloso, doctor. Ya ve a lo que ha conducido tanto electroshock y tanto escáner.
Doctor- De modo que usted atribuye a mis investigaciones la regresión de Harriet.
Profesor- Precisamente.
Doctor- El mal de Harriet es otro. Usted la ha obligado a recordar una vida demasiado larga y demasiado dura. La causa de su embrutecimiento son esas traumáticas sesiones de memoria histórica a que usted la somete.
Beti- ¡No discutamos delante de ella! No pensemos en lo que nos separa, sino en lo que nos une. Lo que nos une es que hemos gastado una fortuna en salchichas. En el mercado negro de exóticos todavía podemos sacarle unas perras.
Profesor- A mí verla así me da mucha pena, con lo que era. ¿Y si le pegamos un tiro? Para que no sufra.
Beti- De tiros nada, que se chamusca. Aún podemos venderla a un taxidermista.
Doctor- Tiene razón, nada de disparos. Un inyectable.
Profesor- Para cuatro duros que van a darnos… ¿Y si nos hacemos un arroz?
Voz de Harriet- Rrrrrr…
(Es un “Rrrrrr” inquietante, amenazador. El Profesor, Beti y el Doctor se abrazan asustados. El “Rrrrrr” se aproxima hasta que aparece Harriet con una tarta coronada por dos velitas. Es una tarta precaria, pero hecha con mucho cariño a base de lo que Harriet ha encontrado en la cocina.)
Harriet- (Canta.) “Cumpleaños feliz, / cumpleaños feliz / te deseamos todos, / cumpleaños feliz”. (Cierra los ojos, piensa un deseo, sopla. Canta:) “Porque es una chica excelente, / porque es una chica excelente…”. ¡28 de Marzo! Como sabía que se os iba a pasar, me he preparado yo misma la fiesta sorpresa. Os lo habéis tragado, ¿eh?, os habéis creído que estaba involucionando. (Se parodia a sí misma). Rrrrr los Tomaszegrrrwski rrr…. (Se troncha.) Pero qué va, si lo mío no tiene marcha atrás. (Reparte la tarta.) Tú dirás si se me ha ido la mano con la canela, Beti. Vamos, Profesor, no me haga un desprecio. ¿Verdad que está rica, Doctor? Venga, otro pedacito. ¿Está a tu gusto el bizcocho, Beti? La guinda para el profe. Qué barbaridad, doscientos tacos. Mis abuelas llegaron a los trescientos. Los varoncitos han sido más flojos, pero todas las chicas de la familia han cumplido los doscientos cincuenta. Es duro, miraros y pensar: “Éste caerá antes que yo”. Os tengo aprecio, el roce hace el cariño. Y he aprendido tanto a vuestro lado… Observándoos, he completado la teoría de Charly. Teoría de la involución: llegado a un punto, el hombre retrocede hasta la bestia. Os habéis aprovechado de mí, queríais devorarme. Pero para comer tortuga hay que darle la vuelta, y la vuelta os la he dado yo. Yo tengo más conchas que un galápago. ¿Os duele la tripita?, ¿se os nubla la vista? Todas las pastillas de Beti, las de la ansiedad de los domingos, las de la crisis de los miércoles, todas las he echado en la tarta.
(El veneno hace efecto. El Profesor, Beti y el Doctor se retuercen hasta morir. Harriet abre la jaula de Herodoto; ¿va a comérselo?; lo deja libre.)
Harriet- Y ahora, Harriet, una vez más: ¿Qué hacer? ¿Qué hacer, Harriet? Pues lo de siempre, Harriet: adaptarse.

martes, 20 de mayo de 2008

Los Chamanes

CHAMANES, SU VISIÓN A TRAVÉS DEL TIEMPO.

Autor: Carlos Tomás Gonzalez.



“¿Quién eres tú, animal bípedo, que como yo te arrastras por este pequeño globo?”

Voltaire

“Aquellos que no esperan encontrar lo inesperado no lo encontrarán, puesto que no hay camino ni ha sido explorado”

Heráclito

“Solo hay un medio de comprender cualquier fenómeno cultural ajeno a nuestra coyuntura ideológica actual, y consiste en descubrir el <> e instalarse en él para desde ahí alcanzar todos los valores por los que se rige”

Mircea Elíade

“El que no sabe llevar su contabilidad
Por espacio de tres mil años
Se queda como un ignorante en la oscuridad
Y sólo vive al día”

Goethe

No existe disciplina que esté tan sumamente ligada a su historia como la de las ciencias humanas. El trabajo que vamos a realizar es, más que la historia de un fenómeno, la historia de su percepción. Haremos un recorrido a través de testimonios de primera mano sobre los chamanes, elaborados por misioneros, exploradores, aventureros, naturalistas o médicos. Veremos cómo en un primer momento la distancia y el prejuicio distorsionarán su percepción, y con el paso del tiempo se irá constituyendo la ciencia antropológica como disciplina, con la consecuente clarificación del concepto chamánico.
Cuando en 1492 los primeros europeos comienzan la exploración de América, se encontraron con numerosas personas que aseguraban comunicar con los espíritus con el fin de aprender sobre la vida y la curación. Por medio del ayuno, del duro ejercicio, de la abstinencia sexual o de la ingestión de brebajes aseguraban entrar en contacto con otra realidad. Los recién llegados, victimas de un fuerte etnocentrismo y de una fe que se pretendía verdadera y universalizable, decian de estas personas que eran “pastores de Diablo”.
La misma reacción tuvieron los colonizadores de Siberia en el siglo XVII, también encontraron a personas que decían mantener contacto con los espíritus tocando un tambor y cantando hasta la extenuación. De ellos también se dijo que eran “viles magos que invocan a los demonios”; mismo siglo en que se formó el término chaman, (castellanización del tunguso-manchú shaman). A medida que los exploradores se fueron extendiendo por el mundo, encontraron diversas gentes que decían contactar con los espíritus, estas personas recibían distintos apelativos en distintas lenguas; los exploradores que venían de Inglaterra, Alemania o España, se refirieron a ellos despectivamente con términos como juglares, magos o hechiceros.
La pobreza conceptual de los primeros colonos, tanto en América como en Siberia, y el miedo que los colonizadores sentían ante lo distinto, llevó a los colonizadores a la dificultad de encajar un mundo tan distinto al propio, reduciéndose en un esfuerzo conceptual de apertura y cambio de una manera totalmente errónea, por su indagación . La comprensión de otras culturas requiere un gran esfuerzo, esfuerzo que muy pocos estaban dispuestos a realizar.
Con la llegada de la Ilustración se abandonaron ciertos prejuicios aunque el extraño comportamiento que tenían los chamanes no encajaba en un mundo que, aun habiendo ganado en riqueza conceptual, no podía más que mirar bajo un potente etnocentrismo. Estos observadores pre-científicos pretendían una mirada “objetiva”, que sólo siguiera los preceptos de la razón hacia el camino del conocimiento, lo que hizo que se tuviera a los chamanes por impostores que había que desenmascarar. Si bien es cierto que la Ilustración juzgó injustamente a los chamanes, debemos reconocerles que dieron un paso hacia la tolerancia:

“Ya dijimos que en Europa fueron sentenciados a muerte más de cien mil supuestos brujos. Sólo la acción de la filosofía ha curado a los hombres de esta abominable quimera, enseñando a los jueces que no hay que quemar a los imbéciles” .

Siguiendo, o tal vez superando el espíritu de la Ilustración, los estudiosos comienzan a acercarse al fenómeno chamánico en particular y a las diferentes culturas en general sin prejuicios y valorando cada cultura en su contexto. En 1860, Edward Taylor, ocupó en Oxford la primera cátedra de Antropología. Con su obra Primitive culture, establece las bases de lo que más adelante será la antropología social, dando una explicación muy seria y profunda de fenómenos como el de la magia, y proponiendo una teoría, el animismo, de cómo surge la religión. También a este período de nacimiento de la antropología, pertenece Max Müller, quien con sus multitudinarias conferencias en Londres sobre “Filosofía de la religión”, intenta explicar el origen de los mitos, y lo que es más importante, cree que son necesarios los mitos para poder llegar a comprender una cultura. Aunque no directamente, todo este panorama donde entran autores como Franz Boas, Gennep, Jochelston o Roland Dixon, contribuyó a que se viera el fenómeno con mucha más profundidad. En cualquier caso, si bien es cierto que se sentaron las bases de la antropología y de la filosofía de la religión, los estudiosos en sus estudios de campo y en sus descripciones eran hombres blancos entre primitivos.
En 1887 el antropólogo Franz Boas, había dejado escrito: “el esquimal es un hombre como nosotros y sus emociones, virtudes y defectos se basan, como los nuestros, en la naturaleza humana” . Este punto de vista es esencial para valorar el gran salto que dio el enfoque de la antropología durante el siglo XX. Ahora ya no es el hombre blanco estudiando a los primitivos, ahora se trata de comprender un fenómeno que es humano y que por lo tanto es digno de un esfuerzo de comprensión, ellos ya no son menos, son como nosotros pero diferentes. Dicho paso adelante fue sin duda fruto de la gran cantidad de material que se recopiló en la primera mitad del siglo XX, los antropólogos escucharon a los chamanes hablar sobre sí mismos y establecieron relaciones que permitieron ver al chaman en su contexto, es decir, en el medio en el que se tenía que comprender. Así, en 1944 Métraux consiguió definir al chamán, a pesar de la desconcertante variedad de habilidades y funciones que lo rodea, como; “toda persona que sostiene por profesión y en interés de la comunidad una comunicación intermitente con los espíritus, o que es poseída por ellos”. En esta definición no hay alusiones a lo primitivo de la práctica ni implica nada negativo del chamán, en cualquier caso todo lo contrario.
Un buenísimo ejemplo de este nuevo enfoque que da cuenta del fenómeno en su contexto, es El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis, publicado en 1951 por Mircea Eliade, es sin duda uno de los mejores estudios sobre el chamanismo y su significación. Como historiador de las religiones, sintetiza y tiene en cuenta estudios de otros campos como la sociología o la psicología para comprender en toda su complejidad el fenómeno. Aunque tal vez la pretensión de Eliade de intentar comprender un fenómeno tan polimórfico bajo un mismo prisma, el éxtasis, sea un problema, a saber: “…el chamán, y sólo él, es el gran maestro del éxtasis…” . Lejos de menospreciar la obra de Eliade, es el gran estudioso de la religión del siglo XX y no hace ninguna afirmación que no este apoyada en una gran cantidad de datos, creemos que el no recurrir por ejemplo a los espíritus o a la gran importancia que tiene socialmente el chaman como guía o como establecedor de reglas, nociones que consideramos indispensables e importantísimas en el fenómeno chamánico, hace que a la obra de Eliade se le escape una parte importante del fenómeno en cuestión. Según Eliade, es la experiencia del éxtasis la que define en última instancia al chamán, y aunque es cierto que nuestro autor reconoce que “la historia de un fenómeno religioso no puede revelarnos todo lo que un fenómeno se esfuerza en mostrarnos” , creemos que aunque la experiencia del éxtasis fuera necesaria como rito de iniciación chamánica, es necesario apelar a una serie de nociones, tan necesarias como la del éxtasis o más, que Eliade en algún caso sólo menciona, para comprender el fenómeno, a saber: la importancia social, el carácter simbólico de sus prácticas, su labor terapéutica en la tribu, su conocimiento de la naturaleza y de las plantas o el uso que hace del ese conocimiento al ingerir diversas plantas o brebajes como drogas , la influencia que pueden llegar a tener esas drogas ingeridas en un contexto determinado... Sería absurdo, pensar que Eliade sólo utiliza la noción del éxtasis para comprender el fenómeno, pero aun no siendo esto así, sí que pensamos que omite nociones indispensables. En cualquier caso, el estudio de Eliade es uno de los instrumentos indispensables para comprende el fenómeno chamánico.
En otra línea pero en la misma época, se dieron estudios que presentaban al chaman como poseído por los espíritus, como un médium entre el más allá y la tribu. Pero nos encontramos con el mismo problema, buscar límites precisos entre magos, médiums y chamanes es una empresa destinada al fracaso, intentar definir un fenómeno que hunde sus raíces en cada cultura en la que se da, es sencillamente imposible.
A mediados de siglo XX se tenía una grandísima información sobre los chamanes, se había hablado con ellos, se les había visto oficiar ceremonias y rituales, y se había visto que aunque bajo distintos nombres, desde el Amazonas hasta Australia se podía hablar de chamanismo. Los estudiosos en su afán de acercarse a otras culturas desarrollaron lo que se conoce como “observación participativa”, que comportaba vivir con la gente y participar en sus actividades al mismo tiempo que se intentaba observarles con distancia. Los observadores occidentales empezaron a participar en sesiones chamánicas en las que se hacía uso de plantas alucinógenas, y para su sorpresa, se dieron cuenta de que podían tener experiencias parecidas a las que tenían los chamanes. Por ejemplo, el banquero Gordon Wasson comió hongos en una sesión dirigida por María Sabina, y en 1957 publicó un extenso artículo relatando su experiencia. En pocos años la chamana María Sabina recibía a cientos de jóvenes que querían experimentar lo mismo que Wasson, lo que supuso un problema para ella y para sus niños santos (los hongos) como más tarde veremos.
El 16 de abril de 1943, el investigador farmacéutico Albert Hofman, descubría por azar el LSD y sus efectos alucinógenos , de los cuales dijo: “me produjeron angustia, vértigo y visiones sobre naturales, al mismo tiempo que un profundo sentimiento de felicidad y de paz”. Tanto las investigaciones de campo que hicieron los antropólogos como las investigaciones de laboratorio fueron evolucionando hasta que se unieron, al comprender que juntas podían llegar a esclarecer mucho del fenómeno; ya no se dependía de la sugestión, sino de la alteración química del cerebro. Un ejemplo de esta unión es El camino a Eleusis. Una solución al enigma de los misterios, sin duda un hito en la investigación de la religiosidad arcaica y moderna. Publicado en 1978 por Albert Hofman, Gordon Wasson y Carl Ruck, utiliza los conocimientos de la religión antigua y los de plantas alucinógenas, proponiendo una nueva ciencia que sintetice ambos conocimientos; la etnomicología (dios adentro). Dicha ciencia estudiaría “las drogas cuya ingestión altera la mente y provoca estados de posesión extática y chamánica” . Si bien es cierto que el libro en cuestión no se ocupa propiamente del fenómeno chamánico, sí que ejemplifica la unión de dos disciplinas muy distintas, y que juntas solucionan muchos enigmas que se arrastraban desde la antigüedad como son los misterios eleusinos.
Dicho lo dicho, vamos a repasar una serie de testimonios en primera persona que no hacen más que corroborar lo arriba establecido.


TESTIMONIOS:

1 CRISTIANOS QUE MIRAN

<> Éxodo 22:18.

La lectura de los textos de los siglos XVI y XVII requiere especial cuidado y atención. Aunque es una época donde la apertura de un mundo hace que los valores de la cultura occidental se reafirmen y se cierren sobre sí mismos, también es cierto que si se tenía noticia de que un autor ya no sólo incurría en herejía, sino que no la repudiaba claramente en sus escritos, podía ser sometido a la pena capital y a la prohibición de su obra. Prueba de ello es que por esos tiempos se extendió la caza de brujas por toda Europa, tanto la Iglesia (protestantes y católicos) como los gobiernos, torturaron y ejecutaron a decenas de miles de “brujas”. Lo mismo hicieron en Centroamérica y en América de Sur, donde las autoridades coloniales y eclesiásticas torturaron y mataron a miles de personas acusadas de “brujería”.
A partir de la creencia de que los espíritus buenos no podían ser invocados sino sólo suplicados, todo aquel que pretendiera invocar a los espíritus estaba sirviendo a Satán, era su súbdito. Aunque es cierto que llegar a saber qué es lo que hacían exactamente los “brujos” es todavía un misterio; bajo este nombre se englobaban desde prácticas alquímicas, hasta castigos hacia las mujeres basados sólo en el machismo, pasando por la utilización de drogas y el sexo. De ésta época es el libro Instrucciones a los jueces en materia de brujería, de Juan Bodino.

1.1 EL CULTO AL DIABLO; EL CONSUMO DE TABACO PARA RECIBIR MENSAJES DE LA NATURALEZA. Gonzalo Fernández de Oviedo (1535)
Gonzalo Fernández de Oviedo, fue un navegante y naturalista español que describió el uso del tabaco entre ciertos ancianos indígenas de Hispanolia, lo que actualmente es Haití y la República Dominicana. Oviedo, que no utiliza el término chamán ya que éste llegaría más tarde de Rusia, se refiere a ellos en pasado porque cuando publicó el libro en 1535, la mayor parte ya había sido exterminada.
En su libro Oviedo afirma que entre otros vicios tienen el de fumar tabaco para salir de sentido aunque para ellos esta práctica es muy sana y muy santa. Nos cuenta que aquellos indios ancianos que consumían tabaco eran capaces de predecir lluvias o otras cosas de las que la Naturaleza tiene por oficio, y que contaban con gran reputación entre la tribu como sacerdotes y prelados. Pero todas estas capacidades, las tenían por que el Diablo, como en su ministro, entraba (por medio de la ingestión de tabaco) y hablaba con él.

1.2 PASTORES DEL DIABLO QUE APRENDEN LOS SECRETOS DE LA NATURALEZA. André Thévet. (1557)
Un caso parecido al de Oviedo es el del padre franciscano Thévet, quien después de pasar varios meses en Brasil, reunió información sobre varias tribus de la zona, describiendo la vida que llevaban ciertos nativos llamados pagés. Y aunque constató que los pagés aprendían los secretos de la naturaleza, consideró que éste era un conocimiento prohibido. Podemos comprobar también cómo intenta dejar claro que está totalmente en contra de tales prácticas. Sin embargo leyendo el texto en profundidad da la impresión de que su condena era más una obligación que una convicción.
Este pueblo, tan alejado de la realidad,…se halla aun tan alejado de la razón que adora al Diablo por medio de ciertos ministros suyos, llamados pagés,…Estos impostores, para teñir su maldad y hacerse respetar entre los demás, no suelen permanecer en un lugar, sino que son vagabundos,…y sólo regresan con los otros en raras ocasiones y a determinadas horas, para darles a entender que han comunicados con los espíritus sobre los asuntos públicos.
Cuando es menester saber alguna cosa importante, se sirven de ciertas ceremonias e invocaciones diabólicas, que se hacen así…harán una cabaña en la que jamás ningún hombre halla vivido…llevarán a medio día una gran cantidad de cahouin, hecha por una niña virgen de diez o doce años…antes de este misterio (el pagé) deberá abstenerse de su mujer durante nueve días…
Así cuando el misterio se ha terminado, el profeta sale y realiza una arenga en la que recita todo lo que ha oído…No es pues sin motivo que está prohibida por las Escrituras…
De esta magia existen dos especies, la que comunica con los espíritus malignos, y la que da inteligencia de las cosas más secretas por la naturaleza…las dos están llenas de curiosidad. ¿Qué necesidad hay, cuando tenemos cuanto necesitamos y comprendemos cuanto Dios quiere que comprendamos, de buscar con excesiva curiosidad los secretos de la naturaleza y otras cosas de las que Nuestro Señor se ha reservado el conocimiento para Él solo? Tal curiosidad es una muestra de juicio imperfecto, ignorancia y falta de fe y buena religión.
En este texto podemos ver; un lúcido análisis de los rituales que realiza el chamán (soledad, abstención sexual, purificación material tanto del chamán como de quien está en contacto con el ritual…), de su función social (es el chamán quien debe tomar la decisiones importantes), y el peso que tiene el esquema conceptual propio que no permite juzgar el fenómeno cultural en la cultura en la que se da. Todavía queda mucho tiempo para que estudiosos como Elíade , Taylor o Gordon Wasson den cuenta del por qué de éstas prácticas.


2. LA ILUSTRACIÓN QUE DESLUMBRA.

Durante el siglo XVIII podría decirse que se trilla el terreno para que gente como Boas o Taylor empiecen a asentar los fundamentos de la antropología. Aunque aún no se comprende el fenómeno en su totalidad, ya empiezan a haber visiones un tanto ambiguas; la de Diderot por ejemplo, que aun considerándolos impostores reconoce lo sobrenatural en sus actuaciones, o la tesis de Herder, vinculando la práctica chamánica a la imaginación y la mente, tesis que se recuperará más adelante. En este período se pondrán de manifiesto algunos aspectos del complejo fenómeno, su vertiente social, sobrenatural, la crisis de la iniciación, lo universal del fenómeno, vertientes que durante el siglo XIX y XX recogerá la antropología en su conjunto para explicar un fenómeno polimórfico.


2.1 LOS SALVAJES APRECIAN A SUS JUGLARES. Joseph François Lafitau. (1724)
Una prueba de la apertura conceptual que supuso el siglo XVIII nos la da el misionero jesuita Lafitau, quien habiendo vivido durante varios años con los indios iroqueses y hurones, describió cómo éstos distinguían entre los que se comunicaban con los espíritus en beneficio de la comunidad y los que lo hacían para dañar a la gente. Lafitau sostuvo que el Demonio no intervenía en los actos de los primeros y utilizó los apelativos de los indígenas para designarlos. Aunque se refiere a ellos con el apelativo de “juglares”como sinónimo de mago, reconoce que sus prácticas no eran meras artimañas.
…estos adivinos, son también personas extraordinarias cuyo estatus les hace dignos de consideración. Se les consulta todo tipo de asuntos como fuentes de verdad, puesto que no solamente explican los sueños y los deseos secretos del alma sino que no existe nada que no trate su ciencia…
A pesar de ello, hay ciertas cosas que me han impresionado y que, a mi parecer, merecen una especial atención. El poder de hacer cosas extraordinarias…proviene del mismo principio...de la comunicación con los espíritus.
Se les ve manifiestamente en este éxtasis que liga todos los sentidos y los mantiene suspendidos.
Pero esta creencia se halla tan extendida y enraizada, que no existe una sola nación en toda América sin sus adivinos y juglares, ni una sola que no tema los encantamientos, ni una sola en la que alguien rehúse recurrir a los juglares y que no se someta de buen grado a todas las pruebas de iniciación para convertirse uno mismo en juglar.

2.2 LOS CHAMANES SON IMPOSTORES QUE PRETENDEN TRATAR CON EL DIABLO Y QUE A VECES REALIZAN PREDICCIONES BASTANTE ACERTADAS. Denis Diderot (1765)
Principal artífice de una de las obras maestras del racionalismo, La Enciclopedia, y exponente claro del ateismo materialista, intentó subsanar uno de los problemas que se tenía al enfrentarse al fenómeno, su definición. Históricamente había sido un fenómeno que había englobado muchas y muy diversas prácticas, desde la brujería hasta la alquimia, Diderot en su Enciclopedia intenta definir unos parámetros en los que enmarcar el fenómeno, y esto ya es digno de elogio. En su tiempo aún existían varias palabras para el mismo fenómeno; chaman y juglar.
Chaman: impostores que allí (en Siberia) cumplen las funciones de sacerdote, juglar, médico y mago…pretenden que cuando el diablo se halla de buen humor entonces este se les aparece…
Juglares: sostienen que sólo se relacionan con lo que ellos llaman genios benéficos…la lengua que hablan en sus invocaciones no se parece a ninguna lengua salvaje,…es posible que no sean más que sonidos indeterminados.
Es cierto que poseen el poder para encantar serpientes, o mejor dicho, para adormecerlas…poniéndoselas en el pecho sin que les hagan ningún daño…Son los encargados de explicar los sueños, los presagios y de acelerar o ralentizar la marcha del ejército en las expediciones militares, puesto que siempre llevan a uno de ellos.
…mostrando un trozo de madera que tenía en la boca hace creer al enfermo que era un hechizo el que le había provocado la enfermedad…
… más próximo a un energúmeno que a un hombre inspirado por el cielo, se pronuncia con un tono determinado sobre el estado del enfermo y, a veces, es bastante certero.
La definición es mucho más extensa pero por motivos de espacio no podemos recogerla toda. En cualquier caso podemos ver cómo pesa aún la primera visión que dieron de ellos los primeros colonos, todavía es el Diablo el que los posee, aunque se empieza a ver lo polimórfico del fenómeno; predicen, conducen campañas militares, poseen una lengua extraña, curan enfermedades con métodos poco ortodoxos…

2.3 EL PODER DE LA IMAGINACIÓN. Johann Gottfried Herder (1785)
Tal vez sea la mirada más indulgente hacia los chamanes, mencionándolos en su obra Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad, Herder observó que el chamán necesita una comunidad de fieles, sin olvidar la importancia que tiene tanto para los chamanes como para los seres humanos en general la imaginación.
…su iniciación se produjo por ayunos soledad, esfuerzos de imaginación, así como el agotamiento del cuerpo y el alma…nadie se convierte en mago hasta que no se le aparece su espíritu.
…logros producidos por la fuerza de la imaginación…De hecho entre todas las fuerzas del alma humana, la imaginación quizá sea la menos explorada; puesto que está relacionada con la construcción de todo el cuerpo… parece ser, no sólo el vínculo sino también el lazo de las relaciones entre la mente y el cuerpo, así como la culminación de toda la organización de los sentidos en relación con todas las otras funciones de las fuerzas del pensamiento.
Ya no es obra del diablo o de su salvajismo, ahora lo que cuenta es la imaginación, y ahí entramos todos. Comienza el camino hacia la comprensión de un fenómeno que es profundamente humano.


3. EL HOMBRE BLANCO ENTRE PRIMITIVOS.

El nacimiento de la antropología como disciplina en la segunda mitad del siglo XIX, hizo posible que el ser humano empezara a estudiarse a sí mismo y sus diferencias. Aunque tal vez fue este el espíritu que tuvieron los estudiosos de la antropología al hacer estudios de campo, todavía pesaban las diferencias culturales, aún se acercaban con la idea de que ellos eran “primitivos”. Aun así, comienzan a establecerse líneas generales que van definiendo el fenómeno; eran capaces de curar, tenían un gran poder social, realizaban hechizos y encantamientos, y sobre todo, todos afirman comunicar con los espíritus, el fenómeno comienza a tomar una coherencia subyacente. La mirada con la que estos hombres miraban a los primitivos fue en algunos casos extremadamente sutil, profunda y respetuosa.
3.1EL ANIMSMO ES LA CREENCIA EN ESPÍRITUS. Edward Taylor (1871).
Edward Taylor, uno de los fundadores de la antropología, propuso el término “animismo” para referirse a la creencia en espíritus en la naturaleza y en el ser humano. En sus textos aún se pueden encontrar referencias a los indígenas un tanto peyorativas, si bien es cierto que superó gran cantidad de prejuicios, es el hombre blanco estudiando primitivos.
El primer requisito de un estudio sistemático de la religión de las razas inferiores consiste en establecer una definición rudimentaria del concepto de religión… en tanto que definición de mínimos, la religión es la creencia en espíritus.
El animismo caracteriza a tribus que se encuentran muy abajo en la escala de la humanidad…A pesar de que esta definición de mínimos, pueda parecer despojada y exigua, se verá como en la práctica, es adecuada…
La idea de que nuestra cultura está más evolucionada que la de los indígenas, le permite creer que donde ahora están ellos, nosotros ya estuvimos.

3.2 EL HOMBRE BLANCO ACUDE A UN PEAIMAN. Everard Thurn (1883).
Everard Thurn vivió con el pueblo macusi de la Guayana Francesa y describió las actividades de los médicos indígenas; los peaiman. En una ocasión, al sufrir un leve dolor de cabeza y fiebre, permitió que un peaiman le hiciera entrar en trance.
…había traído (el peaiman) unas cuantas ramas verdes de los arbustos de la sabana.
…comenzó a dar gritos indescriptibles que continuaron durante seis horas ininterrumpidamente…era el peaiman el que hacía preguntas y daba órdenes a los espíritus…el peaiman bebía con ostensible ruido un poco de agua con tabaco de la calabaza que se encontraba en el suelo…
…sin lugar a dudas fue una magnífica obra de ventrilocuismo y teatro…lo único extraordinario era el hecho de que el hombre pudiera hacer el esfuerzo de voz durante seis horas…mis dolores estaban lejos de haber desaparecido…y pedía su paga.
El chaman ha intentado curar al enfermo, se ha establecido una relación íntima sin que influyan directamente las diferencias culturales. Aunque aún queda mucho trabajo y esfuerzo para que se llegue al punto de vista del nativo, vamos por el buen camino.

3.3 EL TÉRMINO CHAMAN ES PELIGROSAMENTE VAGO. Arnold Van Gennep (1903)
Una de las causas que contribuyó a que existiera una gran confusión en torno al fenómeno chamánico fue la gran cantidad de prácticas y creencias que se admitían bajo este nombre, esto es precisamente lo que intenta solucionar o señalar, Van Gennep.
…un cierto número de términos muy dudosos que se aplican a todo lo que se quiere y que no designan nada en particular… “el chamanismo”… nos encontramos ante un abuso del término… sólo afirma la existencia de un cierto tipo de hombres que ocupan una determinada función religiosa y social…
…al utilizar el sustantivo “chamanismo”aceptamos términos forjados por los exploradores de Siberia de los siglos XVIII y XIX quienes, en su mayor parte sin conocimientos de etnografía, creyeron hallar en estos países una forma especial y característica de creencias y prácticas religiosas…es un hecho socio-religioso sin duda, pero no es suficiente para constituir una religión…Además no llamaremos “sacerdotismo” al catolicismo, ni “pastorismo” al protestantismo…
La palabra “hechicero” nos evoca demasiado la Europa medieval…de este modo para los pueblos semicivilizados es preferible emplear “chaman”.
Percatémonos de la necesidad del término “chaman” para referirse a una práctica religiosa, aun habiendo un abuso del término, se hace indispensable para designar cierto fenómeno. El autor realiza un esfuerzo para tratar el tema desde una perspectiva seria, es decir, definiendo los términos y empleándolos consecuentemente. Uno de los trabajos que realizarán los estudiosos de campo en tiempos posteriores será perfilar el fenómeno para poder estudiarlo y, sobre todo, valorarlo en su contexto (“semicivilizado”) y no en el nuestro.

3.4 CURACIÓN Y ADIVINACIÓN MEDIANTE VENTRILOCUISMO. Vladimir Ilich Jochelson (1908).
El etnógrafo y lingüista Jochelson fue exiliado al este de Siberia a finales de siglo XIX por sus actividades revolucionarias, allí aprovechó para estudiar a los habitantes indígenas de la región y en 1900 participó en una expedición en la misma zona. Fruto de esa expedición son unos textos donde se desmarca de la visión que tuvieron los exploradores del siglo XVIII, y aunque se percató de los trucos de los chamanes, no los desacreditó por ello.
…era pobre y trabajaba como campesino para un miembro más rico de la tribu…le pedí que me enseñara sus habilidades y a diferencia de otros aceptó sin que tuviera que insistir…era un ventrílocuo y a los chamanes versados en esta habilidad se les atribuye un poder especial…
Lo visible y lo imaginario se entremezclan de tal modo en la conciencia primitiva, que el propio chaman debió creer que existía una verdadera herida en su cuerpo…no tiene ninguna duda de que el chamán se corta así mismo y la herida cicatriza de inmediato…
Muchos chamanes comen hongos agaricáceos para entrar en trance…después de comer un par de hongos comenzó a cantar con voz alta y gesticulando con los brazos…
Jochelson también señala algo que más adelante servirá a los antropólogos para comprender mejor a los chamanes; los chamanes comen hongos para entrar en trance. Con el tiempo se verá que una gran parte de las experiencias chamánicas tiene que ver con la ingestión de ciertas plantas alucinógenas por parte de los chamanes.


4. HACIA LA COMPRENSIÓN

Antropólogos como Boas hicieron que los estudiosos de campo se dieran cuenta de los prejuicios que pesaban sobre ellos al acercarse a los nativos, esto permitió una relación directa y cercana que se plasmó en una gran cantidad de informes sobre los chamanes. Aunque hubo antropólogos que consideraron a los chamanes como poseedores de un saber valiosísimo, también hubo quien los consideró como enfermos psiquiátricos o incluso psicópatas. Tuvo que llegar Lévi-Strauss para dar un giro radical a la cuestión y afirmar que los chamanes debían considerarse como psicoanalistas más que como enfermos.

4.1. UNA EXPERIENCIA CECANA A LA MUERTE. Knud Rasmussen. (1929)
En este camino de comprender el fenómeno en su contexto y valorarlo según sus propios valores, tenemos al antropólogo Rasmussen, que habiendo crecido con los esquimales y conociendo su lengua, entrevistó a varios de ellos y transcribió palabra por palabra sus historias. En este texto por ejemplo, nos cuenta cómo un hombre se convirtió en chaman al ser llamado por los espíritus.
Niviatsian había salido a cazar morsas…una gran morsa salió de entre el hielo, lo agarró con sus enormes patas delanteras y se lo llevó hacia las profundidades…
…yació durante lago tiempo inconsciente…cuando recobró el conocimiento, pudo ponerse en pie si necesidad de ayuda. La herida de la clavícula era la única grave; tenía marcas de los colmillos de la morsa en la cabeza y en distintas partes del cuerpo, pero parecía como si el animal hubiera sido incapaz de herirle en esos puntos. Los ancianos dijeron que aquella morsa había sido enviada por la Madre de las Bestias Marinas, quien estaba furiosa por porque la esposa de Niviatsian había sufrido un aborto y lo había ocultado para evitar el tabú.
…permaneció tres días y tres noches sin comida y sin bebida alguna…después de tres días, se recuperó y se había convertido ahora en un gran chaman…
…la morsa que había estado a punto de matarle, se convirtió en su primer espíritu ayudante. Ése fue el comienzo.
Claramente se puede ver cómo el aparato conceptual de la tribu hace comprender la experiencia radical de un modo muy determinado, sin ese aparato conceptual la experiencia sería totalmente distinta, la experiencia se vive conforme a las creencias, una experiencia sin esas creencias no tiene sentido. Si fuéramos nosotros los que sufriéramos el ataque de la morsa nos llevaríamos un gran susto, pero ya está. ¿Quién decide si susto o rito de iniciación?, ¿la persona o los ancianos?.
En otro texto un poco más tardío del mismo autor, nos cuenta cómo un chamán busca el sufrimiento y la soledad para poder alcanzar el “verdadero conocimiento”.
…cuando me llegó el momento de ser chamán elegí el sufrimiento por el hambre y el sufrimiento por el frío…La verdadera sabiduría sólo puede hallarse lejos de la gente, en profunda soledad, y no se encuentra en la acción sino en el sufrimiento. La soledad y el sufrimiento abren la mente del ser humano y, de este modo, el chamán debe buscar su sabiduría allí…
Rasmussen nos presenta al chamán como poseedor de un conocimiento grandioso fruto de un largo trabajo y esfuerzo. Ya no hay voces ni espíritus ni bailes, ahora tenemos a hombres que a través de su conocimiento y sus prácticas nos producen gran admiración y respeto. Por ejemplo, en 1945 el antropólogo Meter Elkin, dice; “la vida de un curandero es una vida de auto disciplina, precedida de un entrenamiento, de responsabilidad social y de contacto con poderosas fuerzas o espíritus…el verdadero curandero es un profesional que cuenta con una preparación determinada y cuya personalidad, desde el punto de vista de la comunidad, alcanza un alto nivel de normalidad”.

4.2. LOS CHAMANES COMO PSICOANALISTAS. Lévi-Strauss (1949)
La profundidad de los chamanes había quedado patente, su conocimiento del medio y su importancia social como guías también, pero tuvo que ser Lévi-Strauss con su ensayo “La eficacia simbólica”, quien de alguna manera interpretara en sus términos una curación chamánica. Según nuestro autor, el chamán y el enfermo comparten una concepción indígena del universo que es totalmente coherente, y es en esos términos en los que se efectúa la cura. Se establece así una similitud entre la labor del psicoanalista y la del chaman, ambos utilizan el aparato simbólico del enfermo para sanarlo, pero hay una diferencia; el psicoanalista escucha mientras que el chaman habla.
La cura consistía en hacer aceptables para el espíritu los dolores que el cuerpo se rehúsa a tolerar. Que la mitología chamán no corresponde a la realidad carece de importancia; la enferma cree en esa realidad, y es miembro de una sociedad que también cree en ella. La enferma lo acepta y jamás lo ha puesto en duda. Lo que no acepta son los dolores incoherentes y…el chamán los va a colocar en un conjunto donde todo tiene sustentación.
Al comprender, se cura…es el paso a esta expresión verbal, lo que provoca el desbloqueo del proceso fisiológico, es decir la reorganización, en un sentido favorable, de la secuencia cuyo desarrollo sufre la enferma…chamanismo y psicoanálisis…en ambos casos el propósito es llevar a la conciencia conflictos que han permanecido inconscientes hasta el momento…establece una relación inmediata con la conciencia…es el chamán quien penetra en los órganos amenazados y quien libera el alma cautiva…
El paralelismo no excluye diferencias; en psicoanalista escucha, mientras que el chamán habla.
Sin el aparato simbólico que utiliza el chaman su práctica se nos hace incomprensible, del mismo modo que sin conocer las reglas del ajedrez jamás podríamos llegar a comprender una partida. Pero una vez conocido este aparato, el chamán se nos presenta como un verdadero analizador (si se nos permite la expresión) del alma humana. El chamán, el enfermo y la tribu conocen las reglas, nosotros no, y hasta que no las conozcamos no los comprenderemos.


5. EL OBSERVADOR OBSERVADO

Durante el siglo XX, los antropólogos recogieron gran cantidad de información sobre los chamanes y sus prácticas, pero en su afán por comprender a los chamanes dieron un paso más y pusieron en práctica lo que se conoce como “observación participativa” (método que desarrolló Malinowski a principios del siglo XX), vivir con la gente y participar en sus actividades. Vamos a repasar testimonios de antropólogos que experimentan en primera persona lo que se conoce como trance chamánico o éxtasis. Los escritos por ejemplo de Wasson o Michael Harner, nos permiten hacernos una idea de la intensidad y profundidad de la experiencia.

5.1 ERA UN OJO SIN CUERPO SUSPENDIDO EN EL AIRE. Gordon Wasson (1957)
Gordon Wasson fue uno de los culpables de que el chamanismo provocara un gran interés a mediados del siglo XX, ya que el artículo donde describe el consumo de hongos alucinógenos con una chamana mexicana fue leído por muchísima gente. Este artículo provocó que una oleada de turistas hippies inundara los poblados indígenas del sur de México.
…fuimos los primeros hombres blancos en los anales de la historia en comer los hongos sagrados, que durante siglos han sido un secreto de ciertos pueblos indios…
…Eva Méndez limpió los hongos de toda suciedad y luego, recitando plegarias, los pasó a través del incienso de resina que ardía en el suelo…se volvió hacia mí y me dio seis pares en una taza…
Las visiones habían comenzado, a media noche alcanzaron su clímax y continuaron en el mismo nivel hasta las cuatro de la madrugada.
…veía los arquetipos, las ideas platónicas que subyacen a las imágenes imperfectas de nuestra vida cotidiana. ¿Podían ser los hongos sagrados el secreto que se esconde tras los misterios antiguos?
…la Señora empezó a entonar un canto que una música muy antigua, como un introito de la Edad de Oro…empezó una danza rítmica con palmadas o aplausos. Cada palmada procedía de una dirección y una distancia imprevisibles, a veces cerca de nuestros oídos, a veces lejanas, desde arriba, desde abajo, aquí y allí…
…Allan y yo nos despertamos a las seis, descansados y con la cabeza despejada, aunque profundamente conmovidos por la experiencia por la que acabábamos de pasar.
Aunque el testimonio de Wasson está en algunos puntos aderezado por la imaginación y por la defensa que hizo de las virtudes de las drogas , da cuenta de lo profundo de la experiencia.

5.2 LOS NIÑOS SANTOS PIEDEN SU FUERZA POR RELACIONARSE CON LOS OBSERVADORES. María Sabina (1977).
Los artículos que publicó Wasson así como los libros del enigmático escritor Carlos Castañeda, hicieron que cientos de investigadores acudieran a los chamanes para ingerir hongos alucinógenos. Esta avalancha de gente, a parte de la incomodidad que supuso para los chamanes, hizo que los poderes que antes tenían los hongos perdieran su fuerza, se ocupó un espacio que era sagrado y que necesitaba de mucho más que de la ingestión de drogas, no basta con tomar plantas alucinógenas para entender a los chamanes. Esto es lo que nos cuenta María Sabina en su “autobiografía oral”, fruto de las entrevistas que mantuvo con un periodista mazateco (Álvaro Estrada) y que más tarde traduciría al castellano.
Cuando los extranjeros tomaron los niños santos conmigo no sentí nada malo. La velada fue buena. Tuve visiones diferentes.
Antes de Wasson nadie tomaba niños simplemente para encontrar a Dios. Siempre se tomaban para que los enfermos sanaran.
…desde el momento en que llegaron los extranjeros a buscar a Dios, los niños santos perdieron su pureza. Perdieron su fuerza, los descompusieron. De ahora en adelante ya no servirán. No tiene remedio.
Los jóvenes fueron los más irrespetuosos…ellos tomaban a cualquier hora y en cualquier lugar. No lo hacen durante la noche ni bajo las indicaciones de los sabios, y tampoco para curarse ninguna enfermedad.
Antes de Wasson yo sentía que los niños santos me elevaban. Ya no lo siento así. La fuerza ha disminuido. Si Cayetano no hubiera traído a los extranjeros…los niños santos conservarían su poder.
La chamana, al abrir un mundo sagrado a lo profano ha provocado que se desvirtúe el concepto de lo sagrado, es un error pensar que la experiencia que se siente al ingerir una droga es similar a una iniciación chamánica, es matar todo un mundo riquísimo. Si nos quedamos sólo con la función alucinógena de la droga, nos estamos olvidando de la función purificadora o de la implicaciones que tiene para el cuerpo la apertura de la mente a ese nivel…

5.3. ME SENTÍ COMO SÓCRATES BEBIENDO LA CICUTA. Michael Harner. (1980)
Hemos recorrido un largo camino y por lo que respecta al fenómeno chamánico, estamos e una situación privilegiada en la que el estudioso puede llegar a comprender al chamán en todas sus vertientes (como terapeuta, líder, sacerdote, conocedor de plantas con poderes…). Muestra de ello, es sin duda el libro de Michael Harner La senda del chaman, donde nos cuenta sus experiencias con ellos y describe técnicas chamánicas que cualquiera puede poner en práctica. Ha pasado ya la fiebre de las drogas, que Harner también ingiere, como sinónimo de chamanismo y nuestro autor, puede contemplar el fenómeno desde una perspectiva mucho más esclarecedora (desde nuestro punto de vista).
…al final me dijeron que si realmente deseaba aprender, debía tomar la bebida sagrada de los chamanes hecha de ayahuasca, la “planta de la vida”…me advirtieron que la experiencia iba a ser aterradora.
…el anciano de poblado, fue a la selva a cortar unas plantas…me dijo que debía ayunar.
Los indios ataron a los perros para que no pudiesen ladrar…me dijeron que el sonido de los perros podía volver loco a un hombre que hubiese tomado ayahuasca…el silencio cubrió la pequeña aldea con la caía del sol…
Me sentí como Sócrates aceptando la cicuta entre sus conciudadanos atenienses (uno de los nombres que recibe la ayahuasca es “la pequeña muerte”). Bebí la pócima rápidamente…
Ahora el sonido del agua fluyendo inundaba mi cerebro. La mandíbula se me empezó a adormecer y el adormecimiento me iba subiendo hacia las sienes.
…empecé a percibir la más bella canción que he oído en mi vida, aguda y etérea, emanando de una mirada de voces procedentes de la galera…Aunque yo me considerara ateo, tuve la completa certeza de que me estaba muriendo y que aquellas personas con la cabeza de pájaro habían venido para llevarse mi alma en el barco.
Empezando por los brazos y las piernas, empecé a sentir como si mi cuerpo se estuviera convirtiendo en cemento…por mucho que lo intenté, no pude reunir la fuerza necesaria para producir una sola palabra…empecé a llamar a mi corazón amigo…empecé a hablarle, a animarle a que continuara latiendo…
Ahora estaba prácticamente seguro de que iba a morirme…
Aprendí, de este modo, que las criaturas parecidas a dragones se encontraban en el interior de todas las formas de vida, incluyendo el hombre.
Cada latido e mi corazón me resultaba un gran esfuerzo. Al fin, volví a intentar pedir ayuda a los seres humanos…los indios abrieron mi boca y vertieron el antídoto.
Realicé viajes fabulosos a través de regiones lejanas, siguiendo a mi voluntad, incluso por los confines de la galaxia, creé construcciones arquitectónicas increíbles, e hice aparecer demonios con muecas histriónicas para satisfacer mis fantasías. A menudo me encontré a mi mismo riendo en voz alta anta las incongruencias de mis aventuras. Al fin me dormí.
Cuando desperté…me sorprendió sentirme revigorizado y tranquilo.
Estaba ansioso por la opinión profesional de indo que mejor conocía los asuntos sobre naturales, un chamán ciego que había realizado numerosas incursiones en el mundo de los espíritus con la ayuda de la ayahuasca. Lo que yo había experimentado, este chamán ciego y de pies descalzos ya lo conocía por sus propias exploraciones del mismo mundo oculto en el que yo me había aventurado. A partir de aquel momento decidí aprender todo lo que pudiese sobre el chamanismo.
En el mismo texto, Harner comenta su experiencia con unos amigos que le citan un fragmento del Apocalipsis en el que lo que se describe es muy similar a lo que él experimentó. También nos cuenta, que sintió que estaba dividido en cuatro niveles y en cada nivel hay un órgano que realiza su función.
Nos encontramos ante una experiencia que, aunque inducida por drogas, no se reduce a la ingestión de éstas, hace falta mucho más que ingerir LSD para tener una experiencia chamánica.



A MODO DE CONCLUSIÓN
Recorrido el camino de la percepción que se ha tenido de los chamanes a lo largo de quinientos años, podemos comprobar cómo sea cual sea la mirada del observador existen elementos que no se pueden dejar de mencionar cuando se está hablando de un chamán. Vamos a establecer una tríada, que si bien sus diferentes partes integran un todo, nos ayudará a comprender la función socio-religiosa del chamán, a saber; la sociedad, el propio cuerpo del chamán y lo sagrado. Aunque para poder comprender mejor la figura del chamán separemos estos elementos no debemos olvidar que son los tres integrados en un solo fenómeno los que hacen surgir la figura del chamán.
Acordémonos de la experiencia que nos cuenta Rasmussen de Niviatsian cuando es atacado por una morsa. Desde experiencia que sufre en su propio cuerpo, surge algo sagrado gracias a la interpretación que hacen de la misma los ancianos, es decir la sociedad, es el conjunto de la sociedad el que dota de sentido la experiencia de un solo individuo convirtiéndola en algo sagrado. Esta interpretación crea la propia experiencia, que puede ir desde la autodisciplina o el éxtasis, pasando por la soledad hasta las alucinaciones, de manera totalmente nueva, haciendo surgir todo un conjunto de símbolos y significados según los cuales se moverá una sociedad. A partir de ese momento en el que el individuo es reconocido de una manera muy especial por la sociedad, es el propio individuo, es el propio chamán, el que cumple la función de creador de sentido en la propia sociedad.
A través del rito y de toda una simbología va a ser ahora el chamán el que gracias a un conocimiento superior adquiera en la sociedad una importancia vital, como conocedor y creador de una mitología chamán, utilizando la terminología de Lévi-Strauss, su figura surgirá como elemento indispensable dentro de una sociedad. Tal vez sea esa capacidad de interpretación, tanto de la sociedad como del chamán, lo que consiga convertir a un individuo en un chamán.
Para poder comprender correctamente al chamán, debemos adquirir una nueva concepción del cuerpo y del entorno en el que vive ese cuerpo, entorno que en muchas ocasiones está considerado como vivo y del cual surge una experiencia que hunde sus raíces en la naturaleza humana.
Fue esa experiencia y todas sus consecuencias lo que no pudieron comprender los primeros colonos, una experiencia que se encuentra dentro de una manera coherente de comprender el mundo y de gran riqueza interior. Con el tiempo se ha modificado algo indispensable para poder llegar a comprender: la mirada del observador.
Para poder comprender a Niviatsian, tenemos que comprenderle a él mismo, a su entorno y a su sociedad, entonces seremos capaces de comprender y de valorar la obra de la que es capaz.


Carlos Tomás González (Facultad de filosofía y ciencias de la educación. Valencia, Abril 2008)




Bibliografía.

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R. Gordon Wasson, Albert Hofman, Carl A.P.Ruck., El camino a Eleusis. Una solución al enigma de los misterios, Madrid, Fondo del Cultura Económica, 1994.
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